Venezuela bajo Trump: ¿Colonia petrolera o nación libre?

Trump no liberó Venezuela, la convirtió en su Luisiana petrolera

Olvide la idea de una transición democrática. Venezuela vive una ocupación silenciosa bajo control extranjero disfrazado de política.

Bajo la administración Trump, la dictadura interna cedió a un sistema de control transaccional y preciso que despoja al país de soberanía. Ya no importan las fronteras, sino tuberías, taladros y flujos de capital que responden a intereses estadounidenses, como si Venezuela fuera una filial petrolera más.

Trump se autoproclama árbitro supremo, manipulando a ambos bandos. Reconoce y desprecia al gobierno de Delcy Rodríguez, usándola para garantizar un flujo constante de crudo hacia refinerías en EE.UU., mientras la amenaza en público. Esa doble vara mantiene el país atrapado en una maquinaria extractiva que destruye la nación.

Lo más alarmante es la capitulación de las dos facciones venezolanas. Tanto el régimen como la oposición en sus discursos están enfrentados, pero en la práctica se subordinan al poder extranjero. Delcy Rodríguez busca financiamiento en Washington, mientras María Corina Machado depende de Trump para su fuerza coercitiva. Ambos miran a un líder estadounidense con aprobación interna en caída y listo para dejar consecuencias irreversibles.

En privado, las élites del país esperan la caída moral de Trump para heredar migajas. Pero esa esperanza solo refleja el desgaste de la independencia venezolana y la ausencia de una verdadera defensa nacional.

Por si fuera poco, Trump neutraliza a la única oposición capaz de movilizar al país al mantener a Machado exiliada, sin contacto con las calles. Sin líder en terreno, no hay desafío real a esta nueva forma de protectorado.

Mientras tanto, la economía social se desangra. Trump explota los recursos con contratos leoninos y, paradójicamente, persigue a los venezolanos que buscan refugio en EE.UU., cancelando el TPS y delegando deportaciones al régimen original que los expulsó. El discurso de “salvación” esconde una operación brutal de control y represión tanto interna como externa.

Olvídese de elecciones o apertura democrática: la prioridad es controlar el petróleo, mantener la extracción y evitar cualquier cambio que amenace esta estructura de poder tutelada desde el exterior. Venezuela ya no decide su futuro.

Hoy es un activo estratégico manipulado desde Florida, con la democracia secuestrada y el destino nacional subastado al mejor postor en Washington.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Desplazarse hacia arriba