24 años en prisión: La otra verdad oculta del 11-A en Venezuela

El 11 de abril de 2002: un capítulo que sigue sin cierre

Héctor Rovaín, Erasmo Bolívar y Luis Molina llevan 24 años tras las rejas, condenados a 30 años por hechos relacionados con el 11-A. Ninguna medida cautelar los ampara. La amnistía no existe para ellos.

Qué pasó ese día realmente

Rovaín estaba en El Paraíso, listo para un ascenso, cuando lo enviaron a controlar manifestantes encapuchados que quemaban carros cerca de la UCV. Armado, con apoyo de equipos antidisturbios, enfrentó una multitud que no solo se defendía, sino que estaba organizada y disparaba desde distintos puntos.

Bolívar, con formación paramédica, acudió tarde a la comandancia tras inundarse su casa. Su tarea fue trasladar heridos en medio del caos desatado por disparos y violencia que saturaron hospitales. No disparó armas, solo atendió a heridos en zonas controladas por policías y civiles armados.

Molina patrullaba el centro de Caracas cuando la orden fue contener la marcha que amenazaba Miraflores. Desde la Plaza Francisco de Miranda hasta el Cine Baralt, enfrentó disparos de personas entrenadas, que atacaban desde edificios y calles. Para él, enfrentar a policías uniformados es delito, sin espacio para dudas.

Por qué este relato cambia el escenario

Estos testimonios directos contradicen la narrativa oficial que presenta a los policías como agresores indiscriminados. Los disparos vinieron de civiles armados y entrenados, un detalle esencial ocultado por la agenda política dominante. Mientras ellos cumplen largas condenas, la violencia organizada queda en la sombra.

Qué significa para Venezuela hoy

La invisibilización de estos hechos mantiene la crisis institucional. Sin justicia equilibrada, sin reconocimiento de la complejidad, se perpetúan las fracturas en las fuerzas de seguridad y el Estado de derecho. El libro La oscuridad no llegó sola, de Mirtha Rivero, recopila estos relatos esenciales que hasta ahora no se han escuchado en Caracas, pero sí en la diáspora.

Es hora de cuestionar el relato oficial. ¿Cuánto más pagará Venezuela por una tragedia que sigue sin verdad ni justicia?

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