Presos políticos en Venezuela: ¿hasta cuándo la impunidad selectiva?

¿Hasta cuándo seguirá esta farsa?

Venezuela se enreda en una paradoja peligrosa: anuncian liberaciones aisladas y muestran apertura, pero cientos siguen tras las rejas por razones políticas.

La realidad detrás del anuncio

No se trata de un problema nuevo ni desconocido. Detenciones arbitrarias, juicios sin garantías y tratos cuestionados por organismos nacionales e internacionales persisten, mientras la respuesta oficial es fragmentada y condicionada.

¿Qué cambia este escenario?

El gesto de liberar solo a algunos, mientras otros quedan presos —o nuevos nombres se suman— no resuelve nada. Normaliza la injusticia y profundiza la desconfianza institucional en Venezuela.

Personas como Ramón Cabarela o Merys Torres no son cifras, son víctimas de un sistema que prioriza la detención selectiva sobre la justicia real. Sus familias exigen algo básico: el fin de la separación forzada.

Lo que viene si se sigue este camino

En cualquier democracia, la existencia de presos políticos es una contradicción. No habrá estabilidad ni reconciliación mientras se mantenga esta presión política en las cárceles.

La presión internacional debe ser más que simbólica. Es indispensable para frenar una práctica que no solo viola derechos fundamentales, sino que socava la legitimidad de las instituciones venezolanas.

La responsabilidad interna es aún más evidente: aceptar liberaciones parciales es aceptar un sistema de justicia selectiva. Eso no es justicia.

La libertad no puede venderse a medias ni gestionarse. Mientras exista un solo preso político, la pregunta sigue vigente y urgente:

¿Qué más tiene que pasar para liberarlos a todos?

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