¿Democracia o control paralelo?
Diosdado Cabello celebró que más de 5.000 comunas gobiernan directamente en Venezuela, reemplazando la burocracia tradicional por un supuesto “poder popular”.
La realidad es que estas estructuras no sólo concentran el manejo de fondos públicos sin supervisión independiente, sino que además generan una gestión fragmentada y sin rendición de cuentas claras.
Cómo cambia el escenario
La entrega de la toma de decisiones a estos consejos comunales implica un desplazamiento de la institucionalidad formal. La asignación de recursos se decide en debates cerrados, lejos del escrutinio de organismos legales o expertos, lo que abre la puerta a manejos discrecionales y posibles favoritismos políticos.
Además, la supuesta mejora en seguridad y convivencia que Cabello atribuye a esta red territorial está lejos de ser aceptada por todos. La implicación directa de estos grupos en el ámbito judicial y policial puede erosionar garantías legales básicas y fomentar prácticas arbitrarias.
El futuro inmediato
Si esta dinámica no se revisa, la concentración del poder en estas comunas puede profundizar la atomización del Estado y sumar riesgos para el orden institucional. La falta de controles externos y de transparencia clara amenaza la estabilidad, la legalidad y la protección real de los ciudadanos.
¿Estamos frente a un modelo participativo o a una forma de control político disfrazada de democracia? Esta es la pregunta que pocos se atreven a plantear, pero que define el rumbo del país.