La clave que no cuentan: Transición urgente para evitar colapso total

El orden sí altera el producto en Venezuela

Olvidemos el teorema de Trump que propone primero estabilización, luego recuperación y finalmente transición. En el desastre heredado por Chávez, Maduro y Delcy Rodríguez, el camino es distinto. Aquí la prioridad es una transición seria que permita estabilizar y recuperar, no hacer malabarismos con el orden.

¿Por qué la transición es urgente?

No hablamos de un gobierno transitorio efímero, sino de un mandato producto de una elección legítima y con poder real. Solo así se podrá liberar a los presos políticos, desarmar a los paramilitares con protección oficial y expulsar a grupos guerrilleros que el régimen sigue permitiendo, con el inevitable respaldo internacional que eso requerirá.

¿Qué está en juego?

Millones viven ya al borde del estallido por la crisis económica, escasez de servicios básicos y el colapso de salud y educación. La represión mantiene el control, pero es un equilibrio precario y explosivo. Solo un gobierno de transición legítimo podrá captar los recursos que se requieren para restaurar la estabilidad.

¿Cómo evitar el desastre inminente?

Se necesita un liderazgo con carisma, credibilidad y un plan claro para romper las falsas doctrinas estatistas que han destruido al país. Un gobierno que entienda que debe abrir espacio al sector privado responsable, dejando atrás la lógica clientelar y el dominio absolutista del Estado.

El pacto que no se discute

La crisis es demasiado grave para seguir en disputas estériles. Hace falta un acuerdo entre fuerzas diversas que compartan los objetivos básicos; la división y la descalificación mutua solo alargan el sufrimiento. Cualquier cuestionamiento al dialogo o a las elecciones practicables solo profundiza la crisis institucional.

¿Elección urgente o engaño?

Algunos piden elecciones prematuras sin preparación. Eso agravaría el caos. La experiencia muestra que con un proceso electoral bien organizado y con observación internacional creíble, se puede evitar la manipulación y abrir una real puerta de cambio.
El fracaso está en dilatar sin justificación, dejando la legitimidad y el acceso a recursos aún más lejos.

Conclusión

La recuperación solo será posible si primero hay una transición legítima, producto de elecciones transparentes y con respaldo popular. Por eso, María Corina debe regresar para liderar ese cambio, antes que sea demasiado tarde.

Mientras tanto, la situación no da espera: hay 490 presos políticos, decenas de mujeres, menores de edad y militares detenidos. La dictadura mantiene a más de 11.000 ciudadanos con medidas restrictivas injustas. La tragedia humana y política sigue aumentando, y nadie parece ponerle freno real.

¿Cuánto más vamos a permitir este desastre?

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