Rehenes del régimen: ¿Por qué el chavismo excluye a militares de la amnistía?

El régimen mantiene presos a casi 200 militares incluso tras la amnistía

El régimen chavista anunció una Ley de Amnistía en 2026, pero la mayoría de los presos políticos militares quedan excluidos. ¿Por qué? Porque representan una amenaza directa a la consolidación del poder dentro de la Fuerza Armada Nacional (FAN).

¿Qué pasó realmente?

A pesar de la liberación parcial de civiles, 188 uniformados siguen encarcelados bajo cargos como traición, rebelión y conspiración. Estos no son delitos comunes, sino herramientas legales para silenciar a quienes cuestionan internamente al régimen. Esto sucede mientras los familiares de estos militares también son perseguidos y encarcelados, confirmando una política de presión que va más allá de la cárcel.

El impacto sobre la FAN y lo que nadie cuenta

La represión vertical ha alcanzado a toda la institución: desde generales hasta sargentos. El castigo aplicado a oficiales con reputación y trayectoria expresa la intención de extirpar cualquier liderazgo que pueda desafiar al régimen. Lejos de buscar reconciliación, esta ley es un mecanismo frío para controlar a la Fuerza Armada post-chavismo.

Detenciones arbitrarias, torturas sistemáticas y juicios sin garantías son la norma dentro de un sistema que busca perpetuar la sumisión. La Fiscalía y tribunales militares funcionan como engranajes de una maquinaria política que usa delitos fabricados para neutralizar opositores.

¿Qué se viene?

Mientras persista este patrón, la FAN seguirá sitiada desde dentro, ahogada en miedo y desconfianza. La amnistía actual no es más que un muro de contención para impedir que militares claves salgan de prisión y restablezcan su posición institucional. Sin un cambio real en la justicia y los mecanismos de detención, la represión continuará y el régimen mantendrá su control usando a los presos como piezas estratégicas.

El primer gesto verdadero de cambio será la liberación incondicional de estos militares, algo que hasta ahora no ocurre. Su permanencia en prisión no solo daña a las familias, sino que también amplía la fractura en la FAN, consolidando un régimen débil que teme a sus propios defensores.

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