Elecciones en Venezuela: ¿apresurar o caer en la trampa chavista?
¿Elecciones inmediatas? Cuidado con lo que no te están diciendo
Se insiste en convocar elecciones en Venezuela basados en la Constitución de 1999. El argumento: si falta el presidente en la primera mitad del período, deben hacerse comicios en 30 días. Pero ahí está el primer error.
La Constitución en cuestión no tiene legitimidad real. No es una opinión aislada; lo avalan expertos y numerosos análisis, incluido mi libro Techos Rojos, Abismo Rojo. Exigir cumplimiento de una norma controvertida no es justicia, es autoengaño.
Pero aún dejando de lado el debate legal, la realidad golpea más fuerte.
El padrón electoral: un problema que nadie resuelve
Chávez ganó en un padrón de 3 millones. Hoy, supera 19 millones. Parece lógico: más gente inscrita. Pero en Venezuela, con una población joven y muchos extranjeros, que dos tercios estén habilitados resulta estadísticamente ilógico.
Diversas denuncias por múltiples documentos de identidad y otros fraudes se han reportado y jamás investigado. Un padrón así es una farsa. Y punto.
El árbitro electoral: control absoluto del chavismo
¿Competir en una elección con un árbitro parcializado? No es estrategia, es suicidio político. Ya lo vimos: elecciones perdidas no por falta de apoyo popular, sino por un sistema diseñado para torcer la voluntad ciudadana.
Esto va más allá de una contienda electoral: es una lucha contra una organización criminal
El chavismo no es solo un movimiento político. Es una estructura que opera con métodos criminales. Permitirle validar elecciones ahora, significa legitimar y extender su poder.
La historia en Nicaragua es clara: perder en las urnas no significa desaparecer, solo volver con más fuerza y represión.
¿Entonces, para qué apurar elecciones?
Hasta que no se depure el padrón y exista un árbitro imparcial, convocar elecciones es regalarle el juego al chavismo. No se debilita, se fortalece.
La verdadera pregunta no es cuándo votar, sino cómo evitar que esta estructura criminal sobreviva políticamente.
La urgencia electoral, lejos de salvar a Venezuela, podría salvar al chavismo.