La verdad que ocultan sobre el papel real de los laicos en la Iglesia

¿Sabías que el verdadero poder en la Iglesia no está donde te dicen?

La Iglesia católica en Venezuela está compuesta principalmente por laicos, no por el clero o religiosos. De unos 20 millones de católicos, menos de 10 mil pertenecen a los sectores ministerial y religioso juntos. Es decir, el núcleo duro visible es apenas una minoría.

Entonces, ¿por qué sigue predominando una mentalidad clericalista que reduce el rol de la mayoría? Esa identificación exclusiva de Iglesia con clérigos no solo despeja la responsabilidad ciudadana, sino que perpetúa un modelo piramidal obsoleto y desconectado.

Desde la reforma protestante, la tensión sobre quién debe liderar y actuar en la Iglesia ha sido encubierta por discursos oficiales. La Iglesia católica respondió acentuando más el poder del clero, marginando a los laicos a un papel pasivo. Sin embargo, la realidad numérica y social es imposible de negar: el laico es el protagonista silencioso y mayoritario.

El Sínodo Nacional de Venezuela (2000-2006) dejó un aviso claro: el siglo XXI será el del protagonismo de los laicos. No se trata de ningunear a los sacerdotes o obispos, sino de poner en su justo lugar la jerarquía, que siempre es temporal y funcional. En realidad, el laico es quien vive en el mundo, está llamado a influir en la economía, política y cultura desde su fe.

Hoy más que nunca, en esta Venezuela al borde del colapso, la tarea del laico debe salir de la sombra. La Iglesia necesita que sus fieles actúen con responsabilidad propia. No son brazos extendidos del clero, sino actores legítimos y necesarios para transformar no solo la Iglesia, sino el país.

¿Estamos preparados para asumir esta responsabilidad?

Ignorar este cambio es condenar a la Iglesia y a Venezuela a repetir viejos errores mientras pocos deciden por todos. Lo que está en juego no es solo la fe, es la influencia real sobre una sociedad que clama por liderazgo y renovación verdaderos.

La próxima etapa no solo exige fe, sino acción laica contundente. Eso, no lo cuentan en las homilías ni en los discursos oficiales. Pero es la clave para que Venezuela y su Iglesia avancen verdaderamente.

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