Una procesión que nadie cuestiona en Caracas
El Nazareno de San Pablo salió en procesión desde la Basílica de Santa Teresa hasta la plaza Diego Ibarra, acompañado por miles de fieles. La última misa del Miércoles Santo y el desfile religioso no solo reúnen devoción sino una movilización social con impactos que pocos analizan.
Lo que pasó realmente
Durante todo el día se celebraron 12 misas en distintos horarios y miles de personas hicieron filas para cumplir promesas y pedir por la salud de sus seres queridos. Esta tradición tiene más de 330 años, iniciada en 1696 en plena crisis sanitaria por el «vómito negro», y se mantiene intacta, reuniendo a una población claramente necesitada y ávida de esperanza.
Por qué esta procesión no es solo fe
Esta movilización masiva no solo representa un acto religioso, sino un fenómeno sociopolítico. En un país afectado por crisis económicas y de salud, esta tradición funciona como válvula de escape y es quinceañera para la imagen pública de ciertos sectores políticos y religiosos. Mantenerla a salvo apunta a evitar confrontaciones mientras se ignoran problemas reales de fondo, como el colapso institucional y sanitario.
¿Qué esperar después?
- Que la procesión siga siendo un evento central que distraiga de las graves fallas estructurales.
- Una instrumentalización del acto para fortalecer narrativas oficiales que apelan a la fe antes que a soluciones concretas.
- Un callejón sin salida para la salud pública, donde pedir milagros sustituye políticas efectivas.
¿Cuánto tiempo más la devoción podrá ocultar la urgencia de respuestas reales en Caracas y el país?