La trampa de la obediencia ciega que destruye a Venezuela

Obediencia ciega: el peligro invisible que nos arruina

En Venezuela, confundir lealtad con sumisión y órdenes con simples instrucciones no es solo un error semántico, es una bomba bajo la legalidad y la dignidad nacional.

¿Qué pasó?

Hace 80 años, los Juicios de Núremberg dejaron claro que «solo obedecer órdenes» ya no es excusa para crímenes de lesa humanidad. Hoy ignoramos esa lección. La Ley de la Fuerza Armada Nacional, con artículos comunicando una obediencia absoluta, ha normalizado la sumisión irracional, alejando a la institución militar y civil del respeto a la ley justa y al pensamiento crítico.

Por qué cambia todo

La obediencia ciega como práctica oficial no solo socava la ética y la dignidad institucional, sino que legitima atropellos, desviaciones y corrupción, basándose en la excusa de cumplir directivas sin cuestionarlas. La consecuencia: un Estado usurpado, sin justicia real y una nación atrapada entre leyes ilegítimas y el silencio cómplice de sus propios funcionarios.

Lealtad no es sumisión. Instrucciones implican racionalidad. Órdenes sin razón son peligrosas y deben ser resistidas, especialmente fuera de situaciones excepcionales como la guerra declarada.

¿Qué viene?

Sin cambiar este paradigma, seguiremos a merced de burócratas y militares que se desentienden de su responsabilidad legal y moral. La justicia universal y los derechos fundamentales solo tendrán sentido si adoptamos una cultura de racionalidad y desapego a órdenes ilegítimas.

La solución está en aplicar la ley con rigor, exigir responsabilidad y promover la dignidad humana como fundamento de toda acción pública. Repetir la costumbre de «obedecer sin pensar» solo perpetuará la crisis institucional y social que amenaza a Venezuela, más allá de discursos y falsas lealtades.

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