Universidad de Los Andes: Rebeldía que el régimen no pudo aplastar

La verdadera historia de desafío que no te cuentan

Este 29 de marzo, la Universidad de Los Andes (ULA) en Venezuela cumple 241 años. Pero no es una historia cualquiera. Su origen rebelde y osado ha marcado un camino de desacato al poder —y una resistencia constante frente a intentos de extinción.

De insubordinados coloniales a piedra angular de la libertad

Desde su fundación en 1785 por el primer obispo de Mérida, sin permiso real y contra la corona, pasando por el motín al Cabildo en 1776 y la adhesión a la rebelión de los comuneros en 1781, Mérida ha sido tierra de rebeldía. Ni siquiera el absolutismo colonial logró silenciar el espíritu insurgente de sus gentes.

En la emancipación fue un apoyo crucial a Bolívar: nombraron su propia Junta de Gobierno en 1810, recibieron héroes libertadores y lucharon por autonomía, pese a estar sitiada por fuerzas realistas.

Una universidad que fue y sigue siendo un bastión poco amigable con el poder

No fue regalo del poder central. Caracas se resistió a elevar la Casa de Educación a universidad, pero la ULA creció pese a prohibiciones, expropiaciones y cierres de facultades por presidentes autoritarios. Fue, como la definió un magistrado, un «faro de luz» en épocas oscuras.

Entre sus alumnos destacan líderes políticos y científicos que impulsaron la democracia en Venezuela.

Desde 1999: la guerra abierta del régimen contra la autonomía universitaria

El chavismo intentó comprar voluntades, luego minar la calidad y someter las universidades. La ULA —junto a otras autónomas— fue fundamental en la oposición democrática. Por eso la respuesta del régimen fue brutal: control presupuestario, limitación de recursos, reducción de matrículas y personal, y confiscación arbitraria de sus medios.

El precio de desafiar al poder: reducción drástica, persecución y exilio

La ULA pasó de 49.000 estudiantes en 2012 a menos de 19.000 en 2024. Graduados se redujeron a menos de la mitad. Profesores, desvalorizados y con salarios de miseria, sobreviven mientras dictan clases con escasos recursos.

El movimiento estudiantil ha sido perseguido, encarcelado, exiliado. Aun así, mantiene la lucha. Con revueltas, denuncias y manifestaciones, continúan exigiendo democracia y autonomía plena.

¿Qué se viene ahora?

El régimen mantiene la presión financiera y política para destruir la universidad libre, mientras crece la migración de talento. Pero la ULA resiste y funciona como foco de resistencia y formación para las futuras generaciones. El verdadero poder no está en las imposiciones, sino en la libertad de pensar y formar líderes.

¿Cuánto tiempo podrá el régimen sostener su asalto sin destruir lo poco que queda? La respuesta está en la fuerza de quienes se resisten dentro de sus aulas.

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