Precios imposibles: la pesca que desaparece del plato venezolano
En Delta Amacuro, las familias venezolanas enfrentan una realidad que pocos medios destacan: esta Semana Santa muchos no podrán comprar pescado, pieza clave de la tradición local.
El kilo de pescado de agua dulce se disparó de 700 bolívares a más de 1.300, y especies como el rayado, el dorado o la curbinata superan ya los 2.000 bolívares por kilo.
¿Por qué suben tanto los precios?
La explicación oficial suele esquivar el fondo del problema. Se sugiere que el alza irregular puede estar vinculada a la crisis del combustible, un factor fundamental para la actividad pesquera. Sin embargo, este parece ser solo el síntoma de un problema más profundo: la incapacidad del sistema económico y estatal para garantizar insumos básicos a precios estables.
Lo que no dicen: la erosión de un ingreso real
Para cientos de asalariados en Delta Amacuro, un salario no alcanza para cumplir con una tradición como comprar pescado en Semana Santa. Los precios se han vuelto inaccesibles y la tendencia es clara: más familias quedarán fuera de mercados esenciales. Esto redefine la dimensión de la crisis económica y de seguridad alimentaria real en el país.
El futuro cercano: ¿más exclusión y división social?
Si este fenómeno se replica en otras regiones, la resistencia popular se fragmenta y la confianza en el Estado se erosiona aún más. La ausencia de políticas claras para estabilizar precios y proteger la alimentación popular puede profundizar la inseguridad social, con consecuencias directas en la estabilidad institucional.