La verdad oculta tras las negociaciones entre Cuba y EE.UU.

¿Por qué Estados Unidos no puede repetir la jugada de Venezuela en Cuba?

En los años 60, la CIA intentó eliminar a Fidel Castro con métodos absurdos como puros envenenados y trajes de buceo contaminados. Hoy, Trump repite la apuesta de remover al presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, pero con una estrategia menos extravagante. La historia demuestra que no funciona.

Negociaciones que esconden una agenda: remover a Díaz-Canel

Recientemente, Díaz-Canel admitió que el régimen está en conversaciones con Estados Unidos. Lo que no dice es que el verdadero objetivo, impulsado por la administración Trump y su secretario de Estado Marco Rubio, es sacar del poder al actual presidente. Un guiño directo a la “teoría extracción” aplicada en Venezuela.

Pero Cuba no es Venezuela

En Caracas, la maniobra funcionó porque Estados Unidos quiere petróleo y negoció con el régimen chavista manteniendo a Maduro de fachada. Cuba, en cambio, carece de ese recurso estratégico. Lo que ofrece son playas que, quizás, Trump sueñe con convertir en resorts, pero para eso hay que trabajar mucho y tiempo.

¿Por qué no funcionará el mismo resultado?

  • El régimen venezolano es fisiológico: una élite dispuesta a traicionar su discurso para llenarse los bolsillos y conservar el poder.
  • Cuba se sostiene en un fervor revolucionario y una estructura de poder más compacta y familiar, ligada a los Castro desde hace 67 años.
  • Raúl Castro y su familia mantienen el control real, y Díaz-Canel es solo una figura decorativa sin poder real.
  • Las fuerzas armadas manejan negocios clave como los hoteles de lujo; el régimen no es solo corrupción, es un sistema de control centralizado y duradero.

¿Qué implica esto para América Latina y la democracia?

Ni gobiernos de izquierda ni derecha están dispuestos a apoyar la continuidad del régimen cubano, que sigue oprimiendo y empobreciendo a su pueblo. La generación joven ya abandonó la revolución como inspiración. Sin embargo, esta realidad divide a la región, que vive una creciente indiferencia hacia Cuba.

¿Y qué ocurrirá ahora?

Si la estrategia de Rubio y Trump es inducir un cambio a lo Venezuela, Cuba no responde igual. El control dinástico, la lealtad revolucionaria y la ausencia de una oposición efectiva dificultan cualquier transición rápida. La experiencia reciente en Venezuela, con movimientos de represión en lugar de apertura, alerta sobre lo que puede venir: planes de fachada y un statu quo que se perpetúa a costa de la libertad de los cubanos.

La realidad es clara: derribar a Díaz-Canel no significa derribar al régimen. Y el mundo debe empezar a considerar que la democracia en Cuba requiere mucho más que negociaciones superficiales y estrategias copiadas del modelo venezolano.

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