Semana Santa en Valera: La otra cara de la agenda oficial que no te cuentan
La Semana Santa en Valera se convierte en una demostración política disfrazada de espiritualidad
Este 2026, la gobernación del estado Trujillo, en alianza con la Diócesis local, ha organizado una programación religiosa oficial que domina el espacio público en Valera. Procesiones, recorridos y escenificaciones de corte católico copan la agenda, involucrando a miles de personas.
¿Qué ocurrió realmente?
El gobernador Gerardo Márquez y sus funcionarios coordinaron un despliegue masivo: la tradicional procesión del Nazareno con la participación de 18 parroquias y un estimado de hasta 12.000 asistentes; actividades públicas como Las Alabanzas a Dios y San José Gregorio Hernández; el recorrido de los siete templos; y el Viacrucis Viviente que, según la Gobernación, es patrimonio cultural. Todo con cobertura, seguridad y logística estatal.
Por qué esto cambia el escenario social y político
Este operativo religioso oficial no es solo una muestra de fe, sino la concreción de cómo el poder regional utiliza la religión como instrumento para ocupar el espacio público, moldear la agenda ciudadana y consolidar una ideología que excluye otras expresiones culturales y políticas.
La alianza institucional con la Diócesis y la centralidad otorgada a rituales estrictamente católicos legitiman una única visión espiritual en una sociedad plural.
¿Qué consecuencias reales trae esta estrategia?
- Desplazamiento de espacios y recursos de la comunidad para actividades afines a una sola expresión religiosa.
- Uso de servicios públicos y organismos de seguridad para sostener eventos que fusionan religión y Estado.
- Generación de un entorno que limita la diversidad cultural, fomentando la homogeneización y el control social.
El siguiente paso lógico es que estas prácticas se institucionalicen y se amplíen, consolidando la influencia de ciertos grupos ideológicos en las decisiones públicas y en la vida cotidiana de los ciudadanos.
¿Estamos frente a una auténtica promoción de valores culturales o ante una estrategia para imponer una agenda política-religiosa que silencia las diferencias? Esta es la pregunta que pocos se atreven a formular.