El espionaje que nunca abandonó a Venezuela tras la salida de Maduro
El poder sigue espiando desde las sombras
Pese a la salida formal de Nicolás Maduro en enero de 2026, la infraestructura de vigilancia masiva construida con más de 1.000 millones de dólares no desapareció: opera intacta bajo la gestión de Delcy Rodríguez.
¿Qué está pasando?
Un reporte reciente de Conexión Segura y Libre junto al Atlantic Council confirma una realidad incómoda: el sistema VEN911, que debería proteger a la ciudadanía, se ha transformado en un instrumento de control total.
Con miles de cámaras equipadas con reconocimiento facial y drones que vigilan barrios como Petare y Catia, la represión tecnológica está activa y sin regulación legal. No persiguen delincuentes, persiguen disidentes.
¿Por qué debe alarmarnos?
Esta red de espionaje no solo usa tecnología local: gigantes asiáticos como Hikvision y Dahua proveen el hardware y el software. Esto convierte a Venezuela en un experimento autoritario con vigilancia de alta definición, sin garantías legales ni respeto a la privacidad.
Las herramientas digitales también son parte del control. Aplicaciones como el Sistema Patria y VenApp exigen lealtad a cambio de servicios, mientras que los registros forzados de teléfonos y el rastreo con micrófonos en vehículos son moneda corriente.
¿Qué sigue?
La vigilancia masiva sigue consolidando un Estado que no suelta el poder ni con cambio de rostro oficial. Si no se establecen límites claros, la represión digital se convertirá en la principal herramienta para frenar cualquier intento de restaurar la democracia.
Para el ciudadano común, blindar su seguridad digital es ahora una obligación: usar cifrado real, evitar datos biométricos para desbloquear equipos y borrar registros comprometidos antes de enfrentarse a controles policiales.
El control digital en Venezuela no es una amenaza futura, es la nueva realidad que está activa hoy, y la única forma de defender la libertad es entender cómo funciona esta maquinaria invisible.