¿Oxígeno para el verdugo?
Washington sigue apoyando el interinato de Delcy Rodríguez, pero lo que llaman «puente hacia la democracia» es, en realidad, un tanque que mantiene con vida al chavismo. Tres meses después, las encuestas son contundentes: 90% de los venezolanos rechaza a Delcy, y más del 80% pide a María Corina Machado (MCM) para liderar la transición.
La realidad que pocos quieren ver
- Control intacto: Delcy ejecuta órdenes del núcleo duro chavista que mantiene la FANB criminalizada y estructuras represivas activas.
- Economía sin cambio real: Con inflación arriba de 600%, la apertura petrolera es cosmética, con Chevron monopolizando sin controles claros, mientras las rentas ilícitas financian el rearme.
- Legitimidad ausente: Delcy carece de apoyo popular y la amnistía que se ofrece es vista como una estafa que solo refuerza la impunidad.
¿Qué habría pasado con MCM o la propuesta BT?
A diferencia del actual interinato, ambas visiones apuestan por una transición real:
- Desmantelamiento del aparato chavista: prisión y extradición de los jerarcas responsables, depuración total de fuerzas armadas y cuerpos represivos.
- Derecho condicionado al petróleo: Los recursos petroleros vinculados a hitos claros de democracia, transparencia y justicia, sin espacios para la impunidad.
- Relación con EEUU basada en legitimidad: Apoyo ligado a resultados verificables, no acuerdos con actores sin respaldo popular.
La apuesta de EEUU y su costo
El lobby de Chevron y sus aliados dentro de EEUU priorizan los flujos de petróleo y «estabilidad gestionada» antes que una verdadera transición. Esto mantiene vivo al régimen autoritario disfrazado de apertura, sacrificando la voluntad de la mayoría y sofocando cambios reales.
¿Qué viene?
Si se continúa con este interinato sin candados ni justicia, la fachada actual solo retrasará una crisis más profunda. La legitimidad popular no se compra; se construye con acciones reales.
EEUU debe dejar de elegir entre un falso equilibrio y una continuidad disfrazada. La única salida viable es un sistema que combine presión en las élites sin renunciar a la fuerza de la sociedad civil y la legitimidad popular.
¿Se atreverán a integrar top-down y bottom-up?
No hacerlo significa seguir alimentando un régimen que sufrió tres décadas de destrucción y corrupción, que hoy simplemente cambia de disfraz para seguir al mando.
Conclusión
El interinato de Delcy no es una transición, es un reciclaje autoritario con oxígeno extranjero. Sin justicia ni candados duros, el régimen se fortalece. La pregunta no es si Washington acertó, sino qué orden político está dispuesto a sostener: uno cómodo para intereses petroleros o uno alineado con la voluntad real del pueblo venezolano.