Trump y Venezuela: Entre promesas rotas y gestos que no alcanzan

¿Por qué Trump confunde al voto venezolano con cifras para su campaña?

Desde sus años en Miss Universo hasta la Casa Blanca, Donald Trump mantiene una relación tensa y pragmática con Venezuela y sus ciudadanos.

Lo que pasó

En la campaña de 2016, Trump prometió apoyar a los venezolanos y presionó duro contra el régimen de Caracas. Sin embargo, la pandemia y su deficiente gestión paralizaron esos planes.

Cuando buscó la reelección, reforzó su discurso para captar aún más el voto latino, incluyendo venezolanos. La respuesta fue una política agresiva de deportación y un discurso que vinculó generalizadamente a esta comunidad con crimen y problemas sociales.

El gesto vacío que desconcierta

El 3 de enero, Trump visitó El Arepazo en Miami, un símbolo para los venezolanos locales. Saludó, posó para fotos y se comunicó con figuras políticas venezolanas, pero se marchó sin probar una sola arepa.

Una imagen de Trump sosteniendo una arepa —símbolo de la identidad venezolana— podría haber vivido como reconocimiento o un acto simbólico real. No ocurrió.

¿Qué significa esto para Venezuela y Estados Unidos?

Trump abrió una puerta para una comunidad que busca libertad, pero sus acciones reflejan una relación instrumental que raya en la indiferencia. No es cariño ni rechazo total, sino un utilitarismo político que deja a miles en el limbo.

Lo que viene es un escenario donde la comunidad venezolana en EE.UU. debe cuestionar si el respaldo político es genuino o una simple moneda de cambio. ¿Estamos ante un actor político que realmente los respalda o un estratega que los usa hasta el último voto?

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