El Clásico Mundial puede acabar con el Juego de Estrellas
La MLB analiza reemplazar su tradicional Juego de Estrellas por el Clásico Mundial, moviendo este último a mitad de temporada. La idea no es un capricho, sino la respuesta al fenómeno que crece fuera del control habitual de los equipos profesionales.
Qué pasó
El Clásico Mundial 2026 rompió récords: 24% más asistencia que en 2023, con más de 1,6 millones de espectadores en Miami, Houston, Tokio y San Juan. La semifinal entre Estados Unidos y República Dominicana atrajo 7,3 millones de televidentes solo en EE. UU., superando incluso la audiencia de la final del año anterior y restándole espectadores a eventos como los Premios Oscar.
Venezuela, campeón por primera vez, impulsó el torneo con figuras destacadas como Maikel García y Ronald Acuña Jr., quienes encendieron las pasiones en un país donde la MLB no había logrado conectar en décadas.
Por qué esto cambia el escenario
La tradición de solo permitir la participación de estrellas en juegos fuera de temporada está en jaque. El comisionado Rob Manfred, responsable de dinamizar la MLB, quiere que el Clásico ocurra en junio —el mes del Juego de Estrellas— para que los equipos no impongan restricciones a sus jugadores y la competencia alcance nuevo nivel.
Con contratos televisivos como el de FOX para el Juego de Estrellas que vencerán en 2028, la MLB ve una oportunidad para expandir internacionalmente la marca y aumentar su poder comercial. La baja audiencia del Juego de Estrellas (7,4 millones en 2024) frente al auge del Clásico Mundial demuestra que las propuestas oficiales ya no dominan el interés de los fanáticos.
Qué podría venir
- Desplazar el Juego de Estrellas y convertir el Clásico Mundial en el evento central de mitad de temporada.
- Eliminar restricciones para que figuras clave participen sin límite, aumentando el nivel de juego y la atracción mediática.
- Reformular la relación entre equipos y MLB, con menos control sobre los jugadores en eventos internacionales.
- Riesgo creciente para la tradición y resistencia de sectores políticos ligados a decisiones del deporte profesional.
Este cambio, impulsado por cifras y negocios, no es solo un ajuste deportivo. Es un giro estratégico del poder interno de la MLB. La pregunta es: ¿quién realmente se beneficia cuando las estrellas juegan para la MLB y no solo para sus equipos?