Venezuela: la democracia en caída libre
El último informe de Freedom House no deja lugar a dudas: Venezuela continúa siendo el símbolo del deterioro institucional y la represión en América Latina. El documento señala que 2025 fue el vigésimo año consecutivo de retrocesos en libertades y derechos fundamentales en todo el mundo.
La organización destaca que países como Venezuela y Nicaragua muestran claramente cómo una democracia débil puede ser reemplazada por una autocracia. En Venezuela, la captura progresiva de poderes públicos, la represión de manifestaciones y la pérdida de independencia de las instituciones marcan una realidad consolidada.
El arresto de Nicolás Maduro en enero de 2026, lejos de resolver el problema, genera más preguntas sobre el futuro bajo la administración de Delcy Rodríguez, figura clave en el régimen.
El impacto global del retroceso democrático
No es solo Venezuela. Más de la mitad del mundo experimentó pérdidas en libertades durante 2025. 54 países empeoraron sus indicadores, incluyendo naciones con escenarios políticos complicados como Guinea-Bisáu o El Salvador.
Solo algunos países como Bolivia o Fiyi lograron mejoras temporales, vinculadas principalmente a avances en el Estado de derecho, insuficientes para cambiar la tendencia de fondo: la reducción a la mitad de países parcialmente libres en dos décadas.
Democracias tradicionales en retroceso
Estados Unidos cayó notablemente en el ranking, principalmente tras la llegada de Donald Trump y el incremento del poder ejecutivo a costa del Congreso. Cierre de gobierno, patrones autoritarios y decisiones cuestionables en política exterior ponen en entredicho su liderazgo democrático.
En Europa, Bulgaria e Italia también muestran señales claras de debilitamiento institucional y restricción a libertades, incluso en democracias consolidadas.
¿Qué significa esto para el futuro?
Freedom House alerta que el repliegue en la promoción internacional de la democracia, con recortes drásticos en fondos y limitada cooperación, abre terreno para que regímenes autoritarios refuercen su control sin obstáculos.
El verdadero peligro no está solo en el retroceso individual de países, sino en el debilitamiento global del sistema democrático. Venezuela es apenas la expresión más visible de un fenómeno que pone en jaque la estabilidad política, la seguridad jurídica y las libertades básicas.
La pregunta final: ¿cómo enfrentar esta erosión cuando incluso las supremacías tradicionales de democracia bajan la guardia?