Negociar con el enemigo: la paz que pocos quieren revelar
Negociar no es dialogar: es estrategia con adversarios
Negociar implica ceder y acordar con quienes tienen intereses opuestos. No es un diálogo amable, es un juego estratégico donde las consecuencias son reales y afectan la legalidad y la estabilidad.
1820: Bolívar negocia con Morillo, ‘El Carnicero’
El general realista Pablo Morillo, apodado el Carnicero por su brutal represión, fue quien firmó con Bolívar los tratados que sentaron precedentes del Derecho Humanitario. Pese a la violencia, Bolívar y Sucre apostaron por negociar para poner límites en la guerra.
¿Qué cambió?
El Tratado estableció reglas claras: respeto a prisioneros, prohibición de pena capital por deserción y canje obligatorio de capturados. Todo en medio de una guerra a muerte, demostrando que la negociación puede imponer orden incluso en el conflicto más áspero.
Hoy, la negociación polémica vuelve
La presidenta encargada Delcy Rodríguez negocia con quienes fueron responsables directos de violencia y secuestros contra su círculo cercano. Este escenario repite la fórmula histórica: negociar con el enemigo para evitar más caos, aunque la historia oficial prefiera callar lo incómodo.
¿Qué viene?
Si la negociación se maneja sin transparencia ni límites claros, puede legitimar a grupos que ponen en jaque la seguridad y el Estado de Derecho. La clave estará en cómo se resguarden las instituciones para que esta paz no sea una tregua que fortalezca a quienes amenazan la estabilidad.