La falsa transición: qué ocultaron tras el cambio de presidente en Venezuela
¿Cambio o continuidad? Lo que nadie quiere admitir sobre la transición venezolana
El 3 de enero cambió un nombre, pero nada cambió en el poder real. La misma élite que domina Venezuela desde dos décadas sigue gobernando, ahora bajo un nuevo disfraz y la tutela de Estados Unidos.
¿Qué pasó realmente?
La salida forzada de Maduro no significó una renovación del Estado sino una mutación del régimen. La administración Trump remplazó a Maduro por los hermanos Rodríguez, manteniendo intactas estructuras clave como un poder judicial sometido, órganos represivos activos y leyes que aplastan a la oposición.
Este no es un proceso nuevo
- Desde Chávez, Venezuela transitó del orden democrático a un autoritarismo competitivo.
- Luego Maduro instauró una dictadura dura basada en corrupción histórica, vínculos con crimen organizado y violaciones masivas de derechos humanos.
- Hoy, con los Rodríguez y EE.UU., la dictadura se blanquea y se tutelada, pero sigue siendo dictadura.
¿Por qué esto cambia el escenario?
Porque la llamada «transición democrática» impuesta desde afuera excluye al pueblo y la oposición legítima. Es un proyecto que administra la crisis, no la resuelve. La oposición mayoritaria sigue vetada para acceder al poder y no existe un plan claro para restaurar la soberanía ni los derechos fundamentales.
¿Qué se viene?
La crisis política y social se mantendrá mientras Estados Unidos siga decidiendo el rumbo, sin compromiso real con la democracia venezolana. Se exige paciencia para un proceso incierto, mientras la élite y sus aliados continúan reprimiendo y dividiendo a la sociedad.
Venezuela enfrenta una transición controlada que no es democrática, sino una reorganización del autoritarismo. La verdadera recuperación de la autonomía y la libertad solo vendrá si la sociedad venezolana deja de esperar que otros «terminen el trabajo» y toma las riendas de su destino.