Hungría y Eslovaquia rompen dependencia energética de Ucrania con nuevo oleoducto
Hungría y Eslovaquia dicen basta: construirán su propio oleoducto
Los bloqueos en el oleoducto Druzhba, transitado por Ucrania, dejaron a Hungría y Eslovaquia al borde de una crisis energética. Su respuesta es clara y contundente.
Ambos países acordaron construir un nuevo oleoducto que unirá la refinería de Százhalombatta en Hungría con la de Bratislava en Eslovaquia. Serán 127 kilómetros capaces de transportar 1,5 millones de toneladas de gasolina y diésel anuales, listo para operar en el primer semestre de 2027.
¿Por qué esto cambia el tablero político y energético europeo?
El ministro húngaro Péter Szijjártó denunció que el bloqueo del oleoducto Druzhba tiene motivaciones políticas de Ucrania, apoyadas desde Berlín y Bruselas, que ponen en riesgo la seguridad de suministro para ambos países. La realidad es que esta dependencia dejó a Hungría y Eslovaquia abiertos al chantaje y vulnerables a interrupciones impulsadas por una agenda política ajena a sus intereses reales.
La construcción del oleoducto es un movimiento estratégico que busca romper esa cadena de dependencia y fortalecer la autonomía energética en Europa Central. El Ministerio de Energía eslovaco lo confirmó: la infraestructura actual mostró sus fallas y es urgente diversificar rutas y fuentes de aprovisionamiento.
¿Qué viene ahora?
Con esta iniciativa, Hungría y Eslovaquia se blindan frente a futuras presiones políticas que puedan interrumpir suministros esenciales. Además, mejorarán la flexibilidad y eficiencia en la transferencia de combustibles entre sus refinerías, algo vital para la estabilidad económica y de seguridad nacional en la región.
Europa Central presiona para recuperar su soberanía energética. Lo que parecía un problema temporal apunta a un cambio estructural en la forma en que los países protegen sus recursos estratégicos. Y esta vez, sin dejar que subjetividades políticas definan su futuro.