12M: La protesta que el régimen intenta silenciar pero no puede frenar

La protesta que no quieren que veas

El 12 de marzo miles de trabajadores volvieron a las calles en Venezuela. No fue una marcha cualquiera: es la señal clara de que la protesta pública resurge frente a un régimen que insiste en ignorar derechos constitucionales.

¿Qué pasó?

En 19 estados, docentes, pensionados y sindicalistas se movilizaron para exigir salarios que no maten por la inflación, la eliminación del devastador instructivo Onapre y la liberación de sindicalistas presos. Frente a un salario mínimo congelado desde 2022 y la histórica destrucción del poder adquisitivo, cientos de protestas dejaron un mensaje contundente: la paciencia se agota.

¿Por qué esto cambia todo?

Durante años, manifestarse frente a la Asamblea Nacional era sinónimo de violencia y represión. Esta vez, la tolerancia forzada del parlamento no logró ocultar la realidad: el régimen sigue en el poder, continúa reprimiendo y utiliza la fragmentación sindical para perpetuar la crisis laboral. Los discursos desde el sector empresarial solo culpan a las leyes que protegen al trabajador sin reconocer que el Estado destruyó el salario y la negociación colectiva.

¿Qué viene ahora?

La ofensiva contra los derechos laborales no cesará mientras siga en el poder un gobierno que sustituye aumentos salariales por bonos que empobrecen aún más. El futuro inmediato es una escalada de conflictos laborales y más movilizaciones. Pero para enfrentar este escenario, el sindicalismo autónomo debe lograr unidad, coherencia y un plan común que derrote la desarticulación promovida desde el Estado.

Esta no es solo una pelea por los salarios. Es la batalla para recuperar derechos constitucionales y la dignidad del trabajo frente a un régimen que intenta mantener sometida a la población activa y pensionada.

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