Un movimiento estratégico deja atrás años de tensión
Venezuela inició la exportación de gas licuado de petróleo (GLP) a Colombia. La operación fue lanzada desde el puente Simón Bolívar en Táchira, con cisternas transportando gas butano hacia el país vecino.
¿Por qué esto cambia el panorama?
Esta operación no es solo comercial: simboliza un giro en las relaciones bilaterales, después de años de frontera cerrada y políticas contradictorias. La meta es reactivar el gasoducto Ricaurte para exportar gas metano por tubería, buscando consolidar una red energética que conecte ambos países.
La estatal PDVSA dirige el proceso con intención clara: recuperar influencia energética, fortalecer la economía regional y darle nuevo sentido a la llamada “política soberana” venezolana.
Lo que viene: cooperación energética sin restricciones
Caracas y Bogotá ya coordinan para reactivar proyectos energéticos en conjunto. La cooperación incluye colaboración directa entre las principales empresas estatales, PDVSA y Ecopetrol, en petróleo, gas y petroquímica.
Además, el impulso a Monómeros señala que esta estrategia también busca apuntalar un sector agrícola clave para Colombia.
Este avance revela una realidad incómoda para quienes apostaron a mantener la distancia: la interdependencia energética regional reaparece con fuerza, poniendo en jaque agendas políticas previas y abriendo una nueva etapa con consecuencias directas en economía, legalidad y estabilidad institucional.