Trabajadores universitarios: El sueldo que no alcanza ni para dos panes
Sueldo miserable y derechos olvidados: la protesta que no quieren mostrar
La Intergremial de la Universidad Nacional Experimental del Táchira (Unet) alerta: los trabajadores universitarios enfrentan una crisis salarial que ni siquiera cubre dos panes diarios. Esa es la realidad que las autoridades y sectores políticos intentan minimizar.
La vocería de la Intergremial, integrada por Carolina Casanova, Jorge Mora y otros representantes gremiales, dejó claro el reclamo central: no desafían la Constitución, solo exigen que se respete la que fue aprobada y que se cumplan los compromisos contractuales vigentes.
¿Qué ocurrió?
En respuesta a la convocatoria nacional, miembros de la Unet organizaron una protesta pacífica y contundente para exigir un incremento salarial que permita cubrir la cesta básica, hoy valuada en más de 600 dólares, y la restitución de beneficios laborales recortados en los últimos cuatro años, incluidos seguros y aportes sociales. No son privilegios, son derechos básicos que están siendo ignorados.
Por qué esto cambia el escenario
La destreza de esta movilización radica en poner al descubierto un fenómeno que muchos sectores prefieren ocultar: el colapso real de la administración universitaria y la degradación completa de las condiciones de vida de sus trabajadores.
El «bono de guerra» que reciben a cuentagotas ni siquiera alcanza para cubrir los gastos básicos y servicios públicos que se disparan mensualmente. Esto trasluce una crisis institucional que afecta directamente la legitimidad y autonomía de las universidades.
¿Qué viene ahora?
- La Intergremial Unet sostiene el estado de alerta, reafirmando que la lucha seguirá en las calles: no piensan retroceder hasta conseguir un aumento digno.
- Se espera que esta clara demanda salarial provoque una presión política para corregir un problema económico que amenaza la estabilidad y el funcionamiento académico en todo el país.
- Al mismo tiempo, este conflicto visibiliza un debate pendiente sobre la responsabilidad estatal en garantizar condiciones mínimas para el sector público, especialmente en áreas críticas como la educación superior.
La voz de los trabajadores universitarios es un recordatorio de que la crisis es más profunda y estructural de lo que se reconoce oficialmente. El silencio o la indiferencia ya no son opciones.