Filven 2026: El poder cultural que el Estado controla para consolidar su narrativa

Filven 2026: Cultura bajo control estatal en Anzoátegui y Delta Amacuro

Este jueves arrancó la Feria Internacional del Libro (Filven) en su 21ª edición, desplegándose en Anzoátegui y Delta Amacuro. Un evento que, más allá de la cultura, funciona como un instrumento para imponer y perpetuar una agenda política bajo el disfraz de promoción literaria.

En Anzoátegui, la Feria se extiende en espacios públicos controlados por el Estado: Casa Fuerte, Plaza Bolívar, Biblioteca Central Julián Temístocles Maza y la Plaza Libertadores. El homenaje recayó sobre Aquiles Silva, poeta y dramaturgo alineado con el discurso oficial, galardonado el año pasado con un premio nacional que refuerza esa línea editorial, dejando fuera voces críticas o independientes.

En Delta Amacuro, la inauguración en Tucupita se enmarcó en actividades culturales tradicionales alineadas con el mensaje oficial, entre danzas criollas e indígenas que, aunque representativas, también son parte de la narrativa controlada. La participación de 17 autores fue cuidadosamente seleccionada para reflejar el perfil deseado por la autoridad cultural. Se suman talleres y asesoría técnica del Sistema Autónomo de la Propiedad Intelectual (SAPI), que sin duda fortalecerán el ecosistema creativo, pero bajo una estricta supervisión estatal.

¿Por qué esto cambia el escenario?

Filven 2026 no es sólo una feria literaria. Es una muestra clara de cómo el Estado usa la cultura para controlar la opinión pública y consolidar un discurso alineado con sus intereses. La promoción selectiva de autores y la organización en espacios estatales restringen el acceso y visibilidad de proyectos independientes, que podrían desafiar la narrativa oficial.

¿Qué viene después?

Este tipo de eventos, disfrazados de promoción cultural, seguirán siendo herramientas para reforzar estructuras de control ideológico. La limitación de voces contrarias puede traducirse en un debilitamiento del debate público y una homogenización del pensamiento dentro de la sociedad. Así, la cultura se convierte en un escenario más para la consolidación del poder estatal, con claras consecuencias en la pluralidad, la legalidad y la libertad intelectual.

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