La verdad que nadie dice sobre la crisis venezolana y el plan oculto de EE.UU.

¿Un cambio de régimen a medias? Lo que no te cuentan sobre Venezuela

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de EE.UU. sacudió el tablero venezolano en enero. Pero lejos de resolver la crisis, abrió un vacío de poder que amenaza con bloquear una verdadera salida.

Keith Mines, experto estadounidense en Estados fallidos, plantea una verdad incómoda: Venezuela no solo necesita un cambio político, sino un proceso de paz integral que reconstruya sus instituciones y su estabilidad.

Lo que ocurrió

Maduro fue capturado y EE.UU. declaró a Delcy Rodríguez como presidenta interina para asegurar un control rápido, especialmente sobre la industria petrolera. Sin embargo, esta estrategia parcial y unilateral podría cerrar la puerta a una recuperación real y a la reconstrucción democrática.

El PSUV sigue sosteniéndose con apoyo sustancial en las fuerzas militares y un sector poblacional importante. Sacarlo del juego sin una negociación amplia solo profundizará la crisis.

Por qué esto cambia el escenario

El segundo intento fallido de cambio de régimen en siete años demuestra que imponer soluciones sin consenso interno no funciona. La estrategia de empoderar a una oposición fragmentada o intentar una salida para el chavismo desde afuera ha fracasado.

La verdadera salida, según Mines, es un acuerdo de poder compartido que convoque a todas las fuerzas políticas, militares y sociales. Un modelo parecido a los Acuerdos de Paz de Dayton o a la Loya Jirga afgana, donde el objetivo no es favorecer a una parte sino estabilizar el país y preparar elecciones reales a futuro.

Qué podría venir después

  • Un Gobierno de Unidad Nacional que incluya chavistas y oposición moderada.
  • Restauración institucional basada en cuotas en órganos claves como el Tribunal Supremo y el Consejo Nacional Electoral.
  • Reducción progresiva de sanciones y amenazas unilaterales para ofrecer incentivos reales a la cooperación.
  • Una transición política pausada y controlada para evitar el colapso y un eventual retorno electoral legítimo.

Estados Unidos deberá abandonar la estrategia militar directa como solución y asumir que la estabilidad duradera nace del consenso político interno. Un cambio real en Venezuela implicará convicción y paciencia, no solo operaciones especiales.

La pregunta ahora: ¿Está EE.UU. dispuesto a liderar un proceso difícil, complejo y sin atajos, o continuará promoviendo rutas imposibles que prolongan la agonía venezolana?

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