Un discurso moderado, pero la duda sigue
Jorge Rodríguez sorprendió esta semana: dejó atrás insultos y sarcasmos para mostrarse tranquilo, casi conciliador. Pero cuidado, la forma no cambia la sustancia.
¿Por qué importa quién sea el nuevo fiscal?
El nombramiento del fiscal general no es un trámite más; es la prueba clave para evaluar si esta transición habla en serio de reconstrucción del Estado de derecho o si solo es retórica de apariencia.
En Venezuela, el Ministerio Público pasó de ser garante de derechos a una herramienta de persecución política. Cambiar eso exige un fiscal independiente, con autoridad moral y sin ataduras partidistas.
¿Estamos frente a un proceso transparente o a un reparto entre políticos?
Para que haya legitimidad, la selección del fiscal debe hacerse con criterios claros, audiencias públicas y participación real de sectores independientes: universidades, colegios profesionales, iglesias y organizaciones civiles.
Si el proceso sigue siendo opaco y dominado por lealtades políticas, la llamada «moderación» será una máscara vacía.
¿Qué puede venir después?
Un fiscal notable puede abrir paso a una justicia que genere confianza, que revise sin prejuicios los casos del pasado y que detenga el uso político de la acción penal.
Pero si el nombre que surge es más de lo mismo, la nueva etapa prometida caerá en su propia trampa y se perderá credibilidad institucional.
Esta elección no es solo un asunto de nombres: es la prueba de fuego para la transición y para quienes la encabezan.