Cable chino y sanciones de EE.UU.: La crisis que fractura la transición en Chile
Fracaso en la transición: un cable chino desata una crisis inédita en Chile
A solo ocho días del cambio de mando en Chile, el proceso de traspaso entre Gabriel Boric y José Antonio Kast se rompió por completo. La razón: un proyecto chino de fibra óptica para unir Hong Kong con Valparaíso, que Estados Unidos obliga a Chile a frenar.
Qué pasó realmente
Kast abandonó abruptamente una reunión con Boric tras acusar al gobierno saliente de ocultar información y generar desconfianza. Boric, en cambio, acusa a Kast de pedirle que mienta sobre lo transmitido en una llamada previa. La tensión escaló hasta cancelar todas las reuniones de coordinación entre ambos equipos.
Por qué Estados Unidos sancionó al gobierno de Boric
- El gobierno de EE.UU. revocó la visa a tres funcionarios chilenos vinculados al Ministerio de Transportes, acusándolos de «socavar la seguridad regional» por avanzar en un cable de fibra óptica con China.
- Un decreto firmado por el ministro sancionado autorizó la concesión a China Movil International por 30 años, pero luego se anuló alegando errores formales.
- El proyecto había sido ocultado parcialmente a Kast, quien afirma que solo fue informado de forma superficial y sin detalles cruciales.
Lo que cambia este conflicto
La disputa no es solo un choque político interno, muestra la presión directa de Washington sobre Chile para frenar la influencia china en infraestructura crítica. La desconfianza entre equipos refleja problemas de transparencia y coordinación en las instituciones públicas, justo en un momento clave para la estabilidad democrática.
Qué puede venir
- Kast anuncia auditorías — impidiendo un traspaso limpio y ordenado.
- La fractura podría afectar la gobernabilidad inicial del nuevo gobierno y la estabilidad institucional.
- Chile queda atrapado en una lucha geopolítica sin claridad sobre qué privilegia realmente: la soberanía o las presiones externas.
En medio de este drama, Boric intenta bajar el tono y apela a mayor responsabilidad nacional, pero la crisis dejó una marca indeleble: la transición democrática no está a salvo de intereses internacionales ni de fallas internas de transparencia.