Venezuela ya no quiere chavismo ni su transición simulada
La ruptura es real. No hay vuelta atrás.
Los últimos datos de Meganálisis no dejan lugar a dudas: Venezuela rechazó el chavismo y desconfía de la llamada «transición» con Delcy Rodríguez al mando. La sociedad no quiere reciclar un régimen debilitado; quiere cerrarlo y empezar de cero.
Qué ocurrió
- El 94% no se identifica con el chavismo y más de la mitad que lo apoyó reconoce vergüenza y arrepentimiento.
- El socialismo es condenado por el 87% como causante de pobreza y retroceso.
- El 90% repudia la transición liderada por Delcy y demanda la salida inmediata de sus principales referentes.
- La Ley de Amnistía, presentada como reconciliación, es vista por 68% como una estafa política.
- Trump recibe agradecimiento histórico, pero 61% ya cree que prioriza el negocio petrolero sobre la libertad venezolana.
- Mayoría aplastante quiere elecciones presidenciales reales (73%) y una nueva Constitución (71%).
- Un 94% apoya eliminar símbolos chavistas de las instituciones: quieren cerrar un ciclo, no reciclarlo.
- María Corina Machado es la figura principal de cambio, con 71% de intención de voto.
Por qué esto cambia el tablero
La sociedad está cansada de medias soluciones y mecanismos controlados por aquellos que mantienen el poder. La llamada transición no es tal, sino continuidad disfrazada que no logra recuperar la confianza ni impulsa la libertad. El respaldo a María Corina Machado marca un rechazo contundente a la política tutelada y un reclamo de liderazgo interno auténtico.
Además, la relación con Estados Unidos se redefine: hay gratitud por la salida de Maduro, pero crece el temor a que la agenda petrolera y los intereses externos terminen perpetuando un poder dependiente.
Qué viene
Este descontento estructural apunta a una ola imparable de presión popular por elecciones libres y una reforma constitucional que sane la nación. Ignorar esta voz es apostar a más conflicto social y un deterioro institucional que nadie aguanta.
Mientras tanto, la reapertura económica esconde una realidad preocupante: las regulaciones arbitrarias y la inseguridad extienden el control invisible sobre el empresario, ahogan a los pequeños y medianos y concentran el poder económico en pocos jugadores cercanos al régimen. La supuesta «reactivación» no refleja una verdadera libertad económica, sino un cambio de bolsillo y condiciones.
Por último, el control indefinido de Estados Unidos sobre las exportaciones petroleras redefine la soberanía en la práctica, con Venezuela asumiendo riesgos ambientales y sociales y perdiendo capacidad decisoria real.
El politizado consumidor también tiene un papel clave: cada compra suma o resta en un sistema donde la corrupción y el clientelismo operan sin contrapesos.
Esta transición es solo fachada si no se atienden las demandas reales de los venezolanos. La revolución verdadera será política y democrática, no petrolera ni tutelada.