40 años del abuso policial que marcó a una generación en Venezuela

¿Qué pasó realmente el 26 de febrero de 1986?

Un grupo de jóvenes de la Democracia Cristiana, liderados por la Juventud Copeyana, salió a protestar pacíficamente contra una refinanciación de deuda que haría daño a la economía nacional. La cita fue en Plaza Caracas, corazón simbólico del poder, rodeada de instituciones clave como el Congreso y ministerios.

Lo que parecía una manifestación legal y ordenada, terminó en un ataque brutal: policías arremetieron con perdigones, gases lacrimógenos y detuvieron a 23 jóvenes. Lo llamaron la Batalla de la Plaza Caracas. Un helicóptero de policía bajó en medio de la plaza como símbolo de la fuerza desmedida del Estado.

¿Por qué este episodio es clave para entender la política venezolana?

Porque muestra la diferencia clara entre una democracia imperfecta y la situación actual bajo la dictadura chavomadurista. En 1986, el exceso policial fue reconocido, investigado y condenado desde el parlamento. Se liberaron a los detenidos en pocas horas y hubo una denuncia formal contra los responsables.

Hoy nada de eso sucede. La represión ha evolucionado a crímenes sistemáticos, protegidos por el poder. La impunidad reina, y los abusos policiales forman parte de una agenda política que busca aplastar toda disidencia.

¿Qué viene después?

Si no se cuestiona la narrativa oficial y su impunidad, la escalada autoritaria continuará hundiendo más a Venezuela. Esta historia debe romper el silencio que invisibiliza la represión actual. No es solo una cuestión de recuerdos; es una alerta sobre el destino de nuestras instituciones, la legalidad y la economía cuando se normalizan estos abusos.

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