Descubren la Piedra de la Luna: ¿Qué no te cuentan sobre su hallazgo en Monagas?
Un secreto ancestral sale a la luz en Monagas
El Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) certificó el hallazgo de la llamada «Piedra de la Luna» en el municipio Cedeño, Monagas. Se trata de un petroglifo con grabados milenarios que insinúan una escritura antigua vinculada a cosmogonía y rituales originarios.
Grabados que desafían el relato oficial
El hallazgo, ubicado en las alturas de la parroquia San Félix de Cantalicio, revela figuras circulares, radiadas, antropomórficas y zoomórficas. Aunque los arqueólogos no tienen una interpretación definitiva, comparan estos grabados con otros similares del oriente venezolano, dejando abierta la pregunta: ¿cuánto conocimiento ancestral sigue oculto?
¿Protección real o solo espectáculo político?
El ascenso para verificar el petroglifo fue posible gracias a la acción conjunta entre el poder popular, la Alcaldía de Cedeño y la Gobernación de Monagas. Un operativo que, aunque bien intencionado, plantea interrogantes sobre la capacidad real de preservación ante intereses políticos y turísticos que suelen invisibilizar las raíces profundas.
Familias locales: custodios no reconocidos
Óscar Marcano, descendiente directo de quienes encontraron y resguardaron la piedra, confirmó que la pieza fue protegida por generaciones, lejos del reconocimiento público. El Estado ahora oficializa la protección, pero ¿qué garantías tienen estas comunidades para mantener el control real sobre su patrimonio?
¿Un impulso para el turismo o una amenaza a la identidad?
El alcalde Daniel Monteverde impulsó el hallazgo como un nuevo capítulo para el turismo arqueológico y la identidad histórica local. Sin embargo, esta apertura puede traer consecuencias no deseadas: la sobreexplotación del sitio y la pérdida del control comunitario frente a agendas externas. ¿Estamos ante un avance o la antesala de un riesgo institucional para el patrimonio?
Lo que no te cuentan: detrás del anuncio oficial, el hallazgo de la Piedra de la Luna revela más dudas sobre quién realmente maneja la historia y cómo se protege un legado ancestral frente a intereses políticos y económicos.
¿Hasta dónde llegará esta formalización? Solo el tiempo dirá si las verdaderas comunidades originarias ganan voz o pierden su patrimonio bajo el manto institucional.