La educación destruida: Que el petróleo pague la reconstrucción urgente

La educación venezolana en ruinas y la deuda oculta del petróleo

La realidad es brutal: nuestras escuelas y universidades hoy son sombras de lo que fueron. Profesores y maestros, otrora pilares de la sociedad, viven en la pobreza extrema o han abandonado el país. No es casualidad. La dictadura chavista-madurista usó la riqueza petrolera para enriquecerse, no para invertir en educación.

¿Qué pasó realmente?

  • Salarios de docentes quedan por debajo de 10-20 dólares mensuales. Venezuela tiene a los maestros peor pagados de Latinoamérica, mientras países vecinos los reconocen y valorizan.
  • Más del 70% de los docentes desertaron entre 2018 y 2021. Los que quedaron son reemplazados con jóvenes sin preparación, vía un programa populista, desmantelando el sistema desde adentro.
  • 28.000 escuelas públicas están en estado de abandono: sin baños, sin comedores, sin recursos básicos.
  • 67,7% de los estudiantes reprobaron en matemáticas y habilidades verbales, un síntoma claro de la tragedia educativa.
  • La propaganda distorsionó la historia y la educación, imponiendo mentiras ideológicas que confunden a las nuevas generaciones.

¿Por qué esto cambia el juego?

Porque mientras millones padecen hambre intelectual y material, las fortunas vinculadas al régimen están congeladas en Suiza por casi 900 millones de dólares. El petróleo, el recurso que podía financiar una educación digna, sirvió para saquear y empobrecer a una generación entera.

Colapsar la educación no sólo destruyó escuelas, desmembró instituciones y alejó a los mejores maestros; también truncó el futuro de todo el país. Sin formación, no habrá profesionales ni líderes capaces de levantar a Venezuela.

¿Qué sigue?

Es indispensable que la renta petrolera sirva primero para recuperar la educación pública, garantizar salarios dignos para maestros y dotar a las escuelas con lo básico: comedores, bibliotecas, tecnología. Sin eso, cualquier intento de reiniciar el país está condenado al fracaso.

La reconstrucción educativa no es un gasto más. Es la inversión mínima para devolverles a los venezolanos la capacidad de pensar, crear y construir una sociedad productiva y segura.

El petróleo no puede ser el botín de una élite corrupta más. Debe ser el motor de la educación y el futuro del país.

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