Periodista minimiza torturas en El Helicoide: ¿Endulzando la realidad carcelaria?

¿Negar la tortura para evadir una realidad incómoda?

El viernes 6 de febrero, Francisco «Kico» Bautista, conductor del programa Kicosis, sorprendió al minimizar las denuncias de tortura en El Helicoide, uno de los centros penitenciarios más polémicos de Venezuela.

En la entrevista con José Francisco Contreras, secretario general del partido Derecha Democrática Popular, el tema de los presos políticos salió a la luz. Bautista no solo desestimó la gravedad del sufrimiento de estos detenidos y sus familias, sino que incluso calificó a El Helicoide como el «country club» de las cárceles, negando que se produjeran torturas allí.

Esto no es opinión: es un giro peligroso

Al afirmar que «se dice que El Helicoide era un centro de torturas, pero eso es mentira» y defender que, aunque un preso estuvo esposado ocho días, eso no equivale a tortura, Bautista ignora la definición universalmente aceptada por la ONU sobre tortura, que incluye sufrimiento físico y mental intencional.

Este discurso no solo banaliza una realidad dolorosa que ha sido documentada por decenas de testimonios, sino que sirve para diluir responsabilidades y reducir el impacto público de las denuncias contra el régimen. Equiparar un centro de detención con un «hotel» revela una agenda política para ocultar el maltrato sistemático.

¿Qué consecuencias trae esto?

  • Normaliza la violación sistemática de derechos humanos en un país ya golpeado por la inseguridad y falta de legalidad.
  • Desvía la atención de problemas reales, poniendo en segundo plano la corrupción y el abuso institucional.
  • Abre la puerta a que se ignore el sufrimiento de las víctimas y sus familias, minando el apoyo social necesario para cambios reales.

La narrativa oficial intenta disfrazar la represión con palabras edulcoradas. Pero la verdad es firme: negar o minimizar el abuso penal es un riesgo que afecta la consolidación de un Estado de derecho y la recuperación de la justicia en Venezuela.

El próximo paso lógico es exigir responsabilidad a quienes, desde los medios, promueven una visión distorsionada que favorece la impunidad y perpetúa la crisis.

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