La tragedia invisible: ¿quién reconstruirá Venezuela si desaparece su academia?
¿Quién enseña a reconstruir Venezuela cuando la academia está destruida?
En 2021, el edificio de Ciencias de la Tierra de la UDO fue quemado. Este es solo un símbolo de un problema mucho más grave: la desintegración silenciosa de la universidad venezolana, pilar fundamental para cualquier reconstrucción del país.
Mientras la política insiste en debates sobre líderes y fechas, se ignora la crisis profunda que atraviesa la educación superior. La universidad, último espacio de pensamiento crítico relativo, está reducida a susurros y resistencia interna. Profesores que aún quedan tienen miedo de expresarse públicamente porque denunciar el deterioro les cuesta más que un salario miserable. Lo que queda ya no es una institución, sino un conjunto de individuos moralmente intactos, cargando el peso de lo que el régimen desmanteló con precisión y paciencia.
Este deterioro no es casualidad ni mero error de gestión. El régimen venezolano ejecutó una política deliberada para convertir al profesor en un ser invisible, empobrecido y socialmente irrelevante. El exilio intelectual, la dispersión profesional y el envejecimiento irreparable de la resistencia académica conforman una herida profunda. Esta fractura no es solo financiera: es moral y cultural, y probablemente tomará una generación entera reparar el daño.
¿Suficientes académicos para reconstruir? La respuesta es clara: no.
La universidad venezolana, ya insuficiente y centralizada, hoy está destruida científicamente y físicamente en gran parte del país. Edificios en ruinas, falta de recursos, y jóvenes con vocación que emigraron antes de ejercer. Venezuela tiene potencial humano, sí, pero ¿cómo convocar a ese talento disperso cuando llegue el momento? ¿Bajo qué condiciones? No es un problema menor; es la base para cualquier posible transformación real.
¿Y ahora qué?
- Conectar a los académicos dentro y fuera del país, ya posible gracias a la tecnología, debe ser prioridad urgente, aunque hasta ahora sucede en la sombra.
- Salvar y documentar el conocimiento de los profesores mayores es indispensable para evitar pérdidas irreparables.
- Pero estas acciones son solo para contener la crisis, no para superar el desastre.
- La reconstrucción exige devolver al profesor su dignidad y valor social, diseñar programas reales de retorno con incentivos efectivos y repensar un modelo universitario que no ha servido al desarrollo nacional.
Nada de esto cabe en una campaña ni en un solo gobierno. Sobre todo, Venezuela debe cambiar culturalmente: dejar de mirar con indiferencia a quienes enseñan e investigan. Sin este cambio, cualquier política pública será insuficiente.
La pregunta no es si Venezuela quiere recuperarse. Es si está dispuesta a rescatar a quienes podrían enseñarle cómo hacerlo.