Venezuela enfrenta una encrucijada: ¿será capaz de unir fuerzas reales?
Una transición nunca fue sencilla y hoy el país repite el patrón
Entre 1936 y 1958, Venezuela luchó para desmontar poco a poco un régimen autoritario que se sostenía más en intereses sociales y políticos que en la figura de un dictador imbatible.
No fue solo cambiar leyes; fue un proceso político de negociaciones y equilibrios, interrumpido por golpes de Estado y exclusiones que marcaron la dinámica de poder. El Pacto de Puntofijo en 1958 no fue magia, sino la concreción de un acuerdo entre líderes con visiones distintas, obligados a priorizar el país sobre sus propios intereses.
¿Por qué esto importa hoy?
Porque la historia no fue un camino lineal y los sectores que se beneficiaban del statu quo no desaparecieron con un solo acuerdo. Las divisiones, las exclusiones (como la de los comunistas en ese entonces) y la falta de unidad siguen siendo obstáculos principales.
Hoy, Venezuela parece acercarse a otra transición. Pero la pregunta clave es si aprenderá de aquella experiencia o repetirá los mismos errores, apostando a una unidad real o a una sumatoria de intereses fragmentados.
¿Qué se juega el país ahora?
- La construcción de una democracia duradera exige paciencia y una visión que supere la urgencia electoral o de poder.
- El país necesita dejar de lado exclusiones que solo profundizan la crisis, reconociendo que la pluralidad política es parte de la realidad.
- Más que reformas legales, se necesitan acuerdos políticos firmes, basados en el interés común y no en agendas particulares.
El llamado no es a la ilusión, sino a la claridad: sin aplomo, unión y amplitud, Venezuela repetirá ciclos viciosos. Lo que ocurrió hace 60 años no fue casualidad; fue un ejemplo que hoy muchos prefieren ignorar, pagando el precio con la continuidad del estancamiento y la falta de estabilidad institucional.