La visita de Rubio a la Caricom destapa grietas y redefine poder en el Caribe
Rubio irrumpe en la Caricom y cambia reglas de juego
Nunca un alto funcionario estadounidense había acudido tan directamente a la Comunidad del Caribe (Caricom) como Marco Rubio. Solo Antony Blinken tuvo presencia similar recientemente. Pero esta visita tiene un significado distinto y mucho más estratégico.
¿Qué ocurrió?
Rubio arribó a San Cristóbal y Nieves tras la operación en Caracas del 3 de enero. Bajo la nueva doctrina de Trump, EE.UU. no persigue solo narcotráfico o terrorismo: busca hegemonía en el hemisferio, contenencia directa de China y Rusia, control de recursos y reducción masiva de inmigración usando presión económica y política.
Este enfoque endurece la relación con Caricom, pues la comunidad regional reclamó por decisiones estadounidenses restrictivas: deportaciones, rechazo a la cooperación médica cubana, límites a vínculos con China y suspensión de visas para ciertos países caribeños.
El giro: Rubio habla de Venezuela, la fractura Caricom
En vez de abordar los reclamos caribeños, Rubio enfatizó que «Venezuela está mejor que hace ocho semanas». Mensaje claro: EE.UU. defiende sus recientes acciones, incluso la captura del régimen de Maduro y ataques a embarcaciones del narcotráfico.
Además, deslizó una oferta condicionada para reactivar la cooperación energética, aludiendo al desplome de Petrocaribe y las sanciones contra Venezuela.
¿División en Caricom?
Caricom siempre fue vista como un bloque sólido, pero la visita de Rubio expone fracturas profundas. Trinidad y Tobago rompió el consenso y criticó abiertamente el apoyo al régimen venezolano dentro del bloque, agradeciendo a Trump y Rubio por sus acciones contra Maduro.
Estas tensiones, intensificadas en 2025-2026, reflejan posturas enfrentadas sobre la política exterior de EE.UU. y la crisis venezolana, amenazando la unidad regional.
¿Qué sigue para Venezuela y la región?
Un eventual cambio político en Venezuela debe contemplar la ruptura con bloques como Celac, ALBA y Petrocaribe, que representan intereses contrarios a la democratización y el desarrollo. La nueva estrategia debería apostar a relaciones bilaterales con países caribeños que compartan una visión democrática y pragmática, alejándose de alineamientos ideológicos tóxicos.
Esta reunión no solo revela tensiones sino que anticipa un reajuste geopolítico donde Estados Unidos busca reafirmar su control en el Caribe y frenar la influencia de adversarios extranjeros y regímenes aliados cuestionados.