Trump legitima al chavismo 3.0 y deja a la oposición afuera
Trump reconoce al chavismo reciclado y margina a la verdadera oposición
En el último Estado de la Unión, quedó claro: el proyecto de Washington es “madurismo sin Maduro”. María Corina Machado hizo bien en no ser parte de ese libreto.
El senador Rick Scott confirmó que invitó a Machado, pero su equipo no respondió y ella no apareció. Una decisión firme para no legitimar un relato que excluye a la mayoría opositora y antepone el petróleo sobre la justicia y la democracia.
Trump llevó a Enrique Márquez, ex preso político que cuestionó la legitimidad de Maduro, y lo presentó como símbolo de “la nueva Venezuela”. Fue peor cuando llamó a Delcy Rodríguez “presidenta interina” y alabó la cooperación petrolera, ubicando en el centro de la relación a un chavismo reciclado y no a quienes realmente luchan por un cambio.
¿Qué cambia esto? Estados Unidos reconoce al chavismo versión Diosdado-Delcy como interlocutor válido. Mientras, el régimen mantiene su maquinaria represiva intacta, controla el territorio y refuerza sus ingresos petroleros bajo supervisión externa.
Diosdado Cabello sigue consolidando poder desde las sombras, purgando opositores con leyes como la amnistía selectiva, mostrando que el sistema permanece y gana protección. El mensaje es claro: cambio de jefe externo, pero el mismo control interno.
¿Qué puede venir? A corto plazo, Washington gana petróleo barato y una foto con presos liberados. A mediano plazo, se asocia a un régimen que reprime y expropia, alimentando la percepción de que para EE.UU. el petróleo vale más que la democracia. Esto prepara el terreno para una futura explosión social contra un sistema reforzado por Estados Unidos.
María Corina mantiene su credibilidad al no engancharse en este arreglo. Su postura garantiza que siga existiendo una oposición que no valide un modelo que perpetúa la represión camuflada de estabilidad.
El costo oculto de la ‘normalidad’
- El apagón eléctrico ya no es un accidente, sino una decisión política que segmenta la economía y perpetúa la precariedad industrial y social.
- La ley de amnistía no es reconciliación genuina, sino una herramienta para el control político y la represión selectiva.
- La recuperación de la confianza del consumidor es una ilusión mientras los salarios reales no permiten una demanda interna sólida.
- Las inversiones extranjeras llegan, pero en un ambiente de inseguridad jurídica que frena una recuperación estructural real.
Mientras EE.UU. celebra una supuesta victoria, la realidad venezolana se mantiene bajo control chavista y con una oposición a la deriva, descartada en los planes del gobierno estadounidense. Entregar el país al “madurismo sin Maduro” es un error estratégico que prolonga el sufrimiento y aleja cualquier cambio auténtico.
Lo que no te están diciendo: el precio de apostar por una relación con Delcy y Diosdado es seguir legitimando represión, expropiación y desigualdad. Backdoor con petróleo, pero sin libertad ni justicia.