El ocaso impune del régimen cubano: ¿cuánto más resistirá sin rendirse?

La verdad que no se dice sobre la resistencia del régimen cubano

Desde 1959, el régimen cubano no ha sido un gobierno temporal ni respondía a una crisis pasajera. Se instauró como un poder absoluto, irremplazable y sin promesas de salida. Esa diferencia es clave para entender por qué Cuba acepta un deterioro económico y social que otras dictaduras habrían evitado para conservar poder.

Las autocracias normales negocian y ceden cuando el costo de sostenerse supera al de marcharse. El régimen cubano no. La prioridad es conservar el control, aunque esto signifique pobreza crónica, éxodo masivo y aislamiento internacional.

¿Por qué esta crisis no derrumba al régimen?

  • La pérdida del apoyo venezolano implica que Cuba ya no cuenta con un respaldo externo que amortigüe la crisis.
  • El colapso energético y la debilidad económica agravan la situación, pero la élite maltrecha lo asume como un riesgo manejable.
  • Raúl Castro funciona como árbitro interno. Su palabra es la última, evita fracturas entre las facciones y mantiene la estabilidad.

Sin este referente, la resistencia se pone en duda, pero no hay garantía de transición. La permanencia del régimen aún depende, principalmente, de la presión externa que encarece seguir en el poder.

El dilema que nadie señala

La verdadera grieta aparecerá cuando coincidan la desaparición del árbitro clave y un endurecimiento de sanciones internacionales. Sin esa conjunción, la autopercepción de eternidad seguirá intacta, incluso frente a desplomes sociales y económicos.

Mientras la comunidad internacional baje la guardia, el régimen ganará tiempo con aparentes cambios que nada alteran en la realidad.

¿Qué viene?

Cuba no caerá por su crisis interna ni por la miseria del pueblo. Caerá cuando los costos políticos y económicos de resistir superen los beneficios de mantener el poder. Eso empieza en la mente de la élite gobernante, no en la calle ni en la oposición dispersa y exiliada.

La pregunta real es: ¿quién tomará decisiones cuando se vaya Raúl Castro y si la comunidad internacional mantiene una presión constante y firme? Sin eso, el llamado “ocaso” cubano seguirá siendo solo un espejismo.

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