El narco y el gobierno: la verdad que no te cuentan sobre México
El narco crece mientras el gobierno mira a otro lado
No es un secreto que México enfrenta un problema que la narrativa oficial busca ocultar: el narcotráfico no es solo un actor violento, es un poder político que ha penetrado las instituciones. El propio presidente de El Salvador, Bukele, ha esbozado una verdad incómoda: “si un Estado no vence a la criminalidad, es porque el Estado es cómplice”. Y eso explica mucho sobre México.
¿Qué pasó con la lucha contra el narco?
Desde 2006, con Felipe Calderón, México libró una guerra sangrienta contra el narco. Miles de muertos y desaparecidos, corrupción y violencia extrema marcaron ese periodo. Sin embargo, en 2018 llega López Obrador con un giro polémico: “¡Abrazos, no balazos!”, anunció. Un eufemismo para la pasividad ante la criminalidad que, al final, fortaleció a los cárteles.
El episodio más claro fue la fallida detención del hijo del “Chapo Guzmán” en Culiacán. El Estado cedió ante los sicarios, dejando en evidencia su debilidad. Desde entonces, el narco no solo sobrevivió, sino que expandió su influencia, con el Cártel Jalisco Nueva Generación como hegemonía y un récord ascendente en homicidios y desaparecidos.
La conexión oculta: narco y política
Lo que no te cuentan: el Cártel de Sinaloa financió campañas electorales del partido Morena, a través de testaferros. Esta complicidad explica la declaración de AMLO en 2020, donde aseguró que la guerra contra el narco había terminado.
Mientras tanto, la crisis de opioides que azota a Estados Unidos, con más de 860,000 muertes en 25 años, presionó a Washington para que aumentara la exigencia a México. Esto resalta la incapacidad y falta de voluntad del gobierno mexicano para enfrentar el problema.
¿Qué sigue?
La muerte del capo Mencho generó una ola de violencia en varias ciudades mexicanas: más de 60 muertos, entre agentes y sicarios, y víctimas civiles indefensas. El narco sigue siendo un poder hegemónico, fortalecido por décadas de complicidades y de falta de respuesta real del Estado.
¿Puede México liberarse de esta situación? Solo con un Estado firme, sin concesiones ni contratos oscuros, y con una política que priorice la seguridad y la legalidad por encima de discursos vacíos.