Tribunal bloquea amnistía a Rodrigo Cabezas: ¿ley solo para algunos?

Amnistía para unos, negada para otros

El exministro de Finanzas, Rodrigo Cabezas, está atrapado en un proceso judicial que ignora la reciente ley de amnistía aprobada por la Asamblea Nacional. Presentó su solicitud de libertad plena al Tribunal Primero Antiterrorista en Caracas, sólo para recibir un rechazo sin argumentos válidos: “no hay despacho”.

¿Cómo funciona la «ley» si los tribunales la ignoran?

Tras esperar toda la mañana, se colocó un cartel que suspendía toda atención por orden del juez Edward Briceño, una maniobra que el propio Cabezas calificó de burla y violación directa a la ley. Recordemos que fue detenido hace 41 días sin orden judicial ni cargos claros y luego excarcelado bajo medidas cautelares en un caso que evidencia el uso arbitrario del sistema judicial como mecanismo de persecución política.

¿Qué está pasando con la justicia en Venezuela?

  • Rodrigo Cabezas pasó de ser ministro bajo Chávez a crítico del régimen de Maduro, y eso parece convertirlo en un enemigo a silenciar.
  • Aunque la ley de amnistía ya ha beneficiado a más de 2.000 personas, su aplicación es selectiva y está condicionada a decisiones discrecionales de tribunales alineados con el poder.
  • Familiares y discapacitados en derechos humanos advierten que cientos siguen presos por razones políticas, bajo procesos judiciales fraudulentos.

Esto redefine el juego político y judicial en Venezuela

Este caso demuestra que la Ley de Amnistía puede ser letra muerta si no existe independencia judicial. Más allá de la retórica oficial, queda claro que el sistema continúa como un arma para la persecución.

Queda la pregunta: ¿cuántos otros casos como este estarán siendo ignorados? La señal es clara. La legalidad no se restablece si el régimen mantiene el control discrecional sobre tribunales y procesos.

¿Qué viene ahora?

Sin cambios reales en la estructura judicial, la amnistía seguirá siendo un instrumento de fachada. Las fuerzas que buscan una salida política no pueden cerrar los ojos ante la realidad: la justicia que debería garantizar derechos humanos es hoy un brazo más de la represión.

El problema no es solo la ley, sino quién la aplica. Mientras eso no cambie, la reconciliación es imposible. Rodrigo Cabezas y miles más son apenas la punta visible de un sistema que se resiste a soltar el control absoluto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Desplazarse hacia arriba