Rubio impulsa alianza en Caribe para aislar a Venezuela y presionar a Cuba

Rubio busca unir al Caribe contra Venezuela y mantener la presión sobre Cuba

Este miércoles, Marco Rubio representará a Estados Unidos en la cumbre de la Comunidad Caribeña (Caricom) en San Cristóbal y Nieves. Su misión es clara: coordinar una postura común contra Venezuela y sostener la presión sobre Cuba.

Rubio defenderá prioridades de Washington como el combate a la inmigración ilegal y la estabilidad regional. Pero la situación es más compleja de lo que parece.

¿Por qué esta cumbre cambia el tablero en el Caribe?

Desde la fallida operación militar de EE.UU. para capturar a Nicolás Maduro en enero, la mayoría de países caribeños han mostrado cautela e incluso resistencia ante la presión estadounidense, especialmente en lo que respecta a Cuba.

Mientras Trinidad y Tobago apoyó logísticamente la acción en Venezuela y la campaña militar contra narcotraficantes que ya dejó más de 150 muertos, otros países del Caricom rehúyen confrontar abiertamente a La Habana, un socio histórico que mantiene su influencia en el bloque.

Estados Unidos ha intensificado las sanciones y el bloqueo energético a Cuba, con consecuencias directas en la paralización de su economía. Rubio, con su conocida postura dura y sus vínculos cubanos, busca derrocar el régimen comunista, incluso negociando con miembros del entorno de Raúl Castro, un dato escasamente divulgado.

Lo que pocos cuentan sobre la presión de EE.UU. en la región

  • La mayoría de países caribeños ignoran la petición de Rubio para expulsar a médicos cubanos, vitales para la economía de la isla.
  • Solo Guatemala apoyó públicamente esta medida que Washington denuncia como trabajo forzado.
  • La crisis en Haití también será tema crucial: un país empobrecido, violento, con gobiernos interinos respaldados desde EE.UU., pero sin solución política real a la vista.

¿Qué viene después?

La cumbre marca un punto de inflexión en la política hemisférica. Las divisiones en el Caribe muestran que la presión estadounidense, aunque intensa, enfrenta límites operativos y políticos.

Esto anticipa un escenario difícil para Washington: mantener sanciones y operaciones militares en la región sin una alianza sólida podría aislar aún más a EE.UU. y dejar espacio para que Cuba y Venezuela sigan conservando influencia.

En este juego, la estabilidad económica, la seguridad y el control de instituciones serán las verdaderas batallas que definirán si la agenda de Rubio logra su objetivo o si la región se fragmenta aún más.

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