Huelga de hambre masiva en cárceles venezolanas: 200 presos políticos al borde del colapso
Más de 200 presos políticos en Venezuela iniciaron una huelga de hambre para exigir la liberación inmediata, incluyendo a más de 80 colombianos recluidos principalmente en El Rodeo I. La medida extrema responde al incumplimiento de las promesas oficiales de excarcelación masiva.
Andreina Baduel, coordinadora del Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clipp), confirmó la adhesión de los presos extranjeros a esta protesta, que busca presionar por una respuesta rápida ante el retraso en las liberaciones.
¿Qué cambia este escenario?
- Más de 50 presos están en estado delicado, algunos mayores de 70 años, sin acceso a atención médica adecuada.
- Familiares mantienen vigilias bajo condiciones precarias en Caracas.
- Los presos demandan la presencia del cardenal Baltazar Porras y el acompañamiento de la Cruz Roja, que acaba de anunciar atención médica para los liberados.
- La Asamblea Nacional aprobó una ley de amnistía, pero solo 54 presos han sido liberados entre el viernes y domingo, según la ONG Foro Penal.
Las liberaciones informadas muestran una diferenciación clave: libertad plena frente a excarcelaciones con restricciones, que mantienen el control estatal sobre los detenidos.
Lo que no se dice
El gobierno niega la existencia de presos políticos y justifica las detenciones con cargos penales, mientras que ONG y oposición sostienen lo contrario. El Helicoide, conocido centro de detención y tortura, está siendo transformado por el Estado en un «centro social y comercial», una maniobra para borrar su pasado oscuro.
La realidad es que más de 600 personas siguen encarceladas por razones políticas, y al menos 400 podrían quedar fuera de la amnistía vigente. La huelga de hambre revela no solo una crisis humanitaria sino también la falacia de las promesas oficiales.
¿Qué sigue?
La falta de un plan claro para atender las condiciones críticas de los presos y las limitadas liberaciones perpetúan la tensión social y política. Sin presión internacional y acompañamiento independiente, el escenario venezolano seguirá en crisis, con un sistema penitenciario que ajusta narrativas sin resolver la realidad que golpea a inocentes.