El Helicoide cambia de cara: empieza la “transformación”
El Ejecutivo arrancó las obras para convertir El Helicoide, histórico centro de detención, en un centro social, deportivo y cultural. Lo anuncia la presidenta encargada Delcy Rodríguez y el ministro Juan José Ramírez promete un diseño moderno para un nuevo uso.
Un cambio que va más allá de la fachada
Este proyecto no solo busca readecuar un espacio. Es parte de una estrategia mayor: abrir zonas antes cerradas al público, con el argumento de mejorar el bienestar social y la convivencia. Hablan de consultarle a la «comunidad», pero ¿quién realmente decide y cómo se usarán esos espacios?
Qué hay detrás de la «recuperación» y qué se nos oculta
- El Helicoide es símbolo de control y seguridad. Transformarlo en espacio público cambia la narrativa, pero no se aclara qué riesgos o controles implicará.
- La urgencia con que se aprobó y empezó la obra sugiere prioridades políticas antes que sociales o urbanísticas reales.
- Este tipo de proyectos suelen ocultar la generación de nuevas estructuras de control social bajo el disfraz de cultura y deporte.
¿Qué sigue? Más cuestionamientos que certezas
La transformación en marcha abre la puerta a un debate profundo que los sectores oficiales buscan evitar. ¿Realmente se mejorará la seguridad o solo se pretende justificar un gasto con impacto político? ¿Quién supervisará el uso y administración del nuevo centro?
Lo cierto es que la imagen de un espacio público renovado no debe distraernos de las posibles consecuencias en seguridad, institucionalidad y control ciudadano. El Helicoide ha cambiado de función, pero la pregunta es: ¿a qué costo y bajo qué condiciones?
¿Estamos frente a una medida para fortalecer el control o realmente avanzar en la convivencia ciudadana? Eso es lo que aún no se está contando.