Venezuela tras Maduro: La falsa transición que nadie explica
La captura de Maduro no es el fin, es solo el principio de un vacío
Tras la extracción de Nicolás Maduro para ser juzgado por narcotráfico en Nueva York, muchos hablan de transición en Venezuela. Pero ninguna fecha, ningún plan claro, ninguna garantía de cambio real han surgido.
El historiador Carlos Malamud, experto en dictaduras y transiciones, es tajante: “La palabra transición en Venezuela ya carece de contenido verificable”.
¿Por qué este vacío redefine todo?
Estados Unidos limitó su acción a sacar a Maduro. No desmanteló el poder militar ni estableció un calendario para el régimen. La oposición no tiene capacidad de presión ni control militar. La sociedad, sin horizonte, observa un equilibrio inestable entre actores armados y grupos controlados por el chavismo.
No hay señales de transición pactada ni impuesta. Ni siquiera se acerca a lo que fue la caída de la dictadura en Argentina, donde la derrota militar en Malvinas deslegitimó el régimen y permitió un cambio rápido.
¿Qué implica esto para Venezuela y la región?
- La Fuerza Armada sigue intacta, con Padrino López en su puesto y una estructura sin relevos sustanciales.
- Estados Unidos depende del régimen actual para mantener la estabilidad y seguir explotando el petróleo, descartando cambios sustanciales que puedan desatar caos.
- El régimen mantiene control sobre colectivos, grupos armados y fuerzas irregulares, incluso con presencia de actores vinculados a organizaciones como FARC, ELN y Hezbollah.
- La oposición está fracturada, sin unidad ni liderazgo capaz de presionar verdaderamente.
¿Qué no te están contando sobre la «transición»?
No es un proceso político claro ni una ruta hacia la democracia. Es una estabilización precaria que busca mantener el status quo para explotar el petróleo y contener la amenaza geoestratégica que representa Venezuela para EE. UU. y su influencia en América Latina.
La falsa transición mantiene presos políticos, controla medios y aplasta cualquier movilización social. La ciudadanía está atemorizada, sin claridad sobre qué pedir ni hacia dónde ir.
¿Qué sigue?
Esperar que del vacío surja alguna definición clara es ingenuo.
Estados Unidos prioriza evitar una nueva intervención militar directa. El poder militar venezolano permanece como un actor clave que puede desestabilizar cualquier intento de cambio brusco.
La oposición y la sociedad civil deben definir su rol, pero hasta ahora no hay estrategia clara ni un calendario realista para una transición verdadera.
La pregunta es simple: ¿Realmente quieren una transición o solo un cambio cosmético para mantener intactas las instituciones y la estructura militar que hoy domina Venezuela?