Barcelona y Guanta despiden Carnaval con rituales que esconden tensiones sociales
El Carnaval cierra en Barcelona y Guanta con el tradicional entierro de la sardina
Este domingo 22 de febrero, Barcelona despidió el Carnaval con un evento que lleva más de 60 años vigente: el entierro de la sardina. Un ritual que algunos aceptan como patrimonio cultural, pero que refleja más que una simple fiesta.
Un desfile cargado de simbolismos
El recorrido arrancó desde la casa de Jesús “Chuito” Lamar, quien introdujo esta tradición, y se extendió por calles emblemáticas hasta finalizar en el Puente Boyacá, donde simularon el lanzamiento del féretro al río Neverí. El acto contó con presencia de un sacerdote y miembros de la comunidad, quienes hicieron plegarias con un tono irónico, dejando entrever críticas soterradas que no suelen mencionarse en la cobertura común.
Tras la fachada festiva, la agenda política que divide
Lo que la mayoría no revela es que estas fiestas, entre música y comparsas, también están influenciadas por sectores que buscan mantener identidades comunitarias en un contexto donde las divisiones sociales y políticas aumentan. Este ritual de despedida no es solo un acto cultural, sino una manifestación que refleja la tensión entre quienes quieren preservar tradiciones y quienes impulsan cambios con propuestas controvertidas.
Guanta también marca el cierre con una octavita cargada de significado
En Guanta, donde igualmente se celebra la despedida, el Carnaval terminó con un desfile y el entierro acompañado de agrupaciones de calipso en la plaza Miranda. Sin embargo, detrás de estas celebraciones se esconde un escenario social que se sacude por las diferencias entre grupos que disputan la representación cultural e institucional en la región.
¿Qué sigue después del Carnaval?
El desenlace de estas festividades no debería minimizarse: la persistencia de tradiciones como el entierro de la sardina evidencia un escenario donde la cultura se convierte en campo de batalla. No se trata solo de diversión, sino de quién controla las narrativas y espacios públicos. El desafío verdadero está en cómo enfrentar las tensiones sociales que estas celebraciones evidencian, y qué modelos de convivencia e instituciones efectivas surgirán en un entorno cada vez más fragmentado.