El plan “Paz Total” de Petro disparó la violencia y los grupos armados en Colombia

El ‘Paz Total’ de Petro: más armas, más reclutas, más violencia

Los grupos armados ilegales en Colombia crecieron un 84 % en solo tres años bajo la polémica política ‘Paz Total’ del presidente Gustavo Petro.

Según el último informe de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), en 2025 había al menos 27.000 combatientes y colaboradores activos, con 5.000 nuevos reclutas en solo un año, impulsados por un plan que prometía paz pero entregó ventaja estratégica a los grupos armados.

¿Por qué este dato cambia todo?

Porque ‘Paz Total’ se implementó con un alto el fuego unilateral estatal, sin exigir a los grupos criminales ni guerrilleros el cese del reclutamiento, que incluso incluye caciques infantiles, ni la suspensión de su expansión territorial y criminal.

El resultado fue un repunte sin precedentes en el Clan del Golfo (+30 %), ELN (+9 %), y disidencias de las FARC (+25 % en la CNEB), fortaleciendo sus operaciones ilegales en minería, narcotráfico y extorsión.

Consecuencias ignoradas por el discurso oficial

  • Las zonas de conflicto se duplicaron desde 2022, alcanzando al Tolima y Huila, antes consideradas pacíficas.
  • Un millón de civiles quedaron sometidos a controles y presiones directas de estos grupos.
  • Los ataques aumentaron: solo en 2025 hubo 150 acciones violentas contra civiles y fuerzas públicas.
  • El ejército quedó debilitado: menos soldados, menos inteligencia, enfrentando un enemigo más fuerte y mejor armado.

¿Qué viene después?

El reconocimiento tardío del fracaso por parte del propio Petro resulta insuficiente. La ofensiva militar llegó demasiado débil y tarde.

Sin un plan que combine paz con seguridad real, el conflicto seguirá creciendo y dejando a comunidades vulnerables atrapadas en la violencia.

Además, el gobierno insiste en negociaciones continuas sin marcos legales ni compromisos reales de desarme, apostando a que el siguiente gobierno cargue con la resolución.

La paz en Colombia no es una meta unilateral ni electoral. Requiere una estrategia clara, coherente y firme que no privilegie la complacencia sobre la seguridad y la legalidad.

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