La olvidada concesión Hamilton: el poder que Venezuela nunca vio venir

¿Sabes quién fue Hamilton y por qué Venezuela le debe más de lo que cree?

En el siglo XIX, un inglés común llamado Horacio Hamilton llegó a Caracas no con armas, sino con galletas danesas bajo el brazo. Su historia parecía sencilla, pero fue el inicio de una conexión que cambiaría la relación del país con intereses extranjeros y las élites locales.

Hamilton, agente de galletas y futuro empresario, contó con la inesperada ayuda del círculo íntimo de José Martí y otros exiliados hispanoamericanos. Apoyado y promovido por figuras vinculadas al poder, llegó a ganar confianza incluso del dictador Antonio Guzmán Blanco, un hombre con ambiciones claras y una agenda política para controlar recursos estratégicos.

Lo que pocos recuerdan hoy es que Hamilton no solo vendió galletas. Se convirtió en el presidente local de la New York Asphalt Company, controlando recursos naturales como el gran lago de asfalto en Guanoco, vital para la infraestructura del país y sus futuros negocios petroleros.

Este vínculo empresarial-político cimentó un modelo que terminó polarizando Venezuela. Décadas después, un dictador expropió la concesión, provocando una crisis interna y un conflicto directo con Estados Unidos, que usó su poder militar para defender intereses estratégicos. ¿Fue solo una disputa por asfalto o la batalla por la soberanía nacional?

¿Qué revela esta historia para Venezuela hoy?

  • La alianza entre intereses extranjeros y élites nacionales no es nueva, y sus consecuencias han moldeado la economía y la política del país.
  • Los recursos naturales, lejos de ser una bendición, se convierten en focos de tensión internacional con impacto directo en la estabilidad local.
  • Las disputas por control de concesiones reflejan cómo las instituciones venezolanas han sido permeables a lógicas políticas que sacrifican desarrollo y legalidad.

La concesión Hamilton no es solo un capítulo del pasado, es una advertencia sobre qué sucede cuando mezclamos negocios, poder y la falta de un Estado fuerte.

Hoy más que nunca, entender esta historia ayuda a explicar por qué Venezuela sigue atrapada entre intereses externos y divisiones internas, con poco avance real en economía y seguridad.

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