Zumaque I: El pozo petrolero que Venezuela no quiso recordar

Zumaque I: La historia enterrada tras el petróleo venezolano

El primer pozo petrolero que impulsó a Venezuela al privilegio de superpotencia energética mundial no fue un acto fortuito ni una gloriosa empresa local. Esa historia comienza con ingenieros extranjeros, exploraciones y un legado prehispánico que pocos conocen.

Ingenieros europeos y un tesoro arqueológico en el corazón petrolero

En los años 60, Antonie Van der Mark, ingeniero holandés contratado por Shell, recorrió la Costa Oriental del Lago de Maracaibo en busca no solo de petróleo, sino de rastros de antiguas civilizaciones. Mientras las petroleras abrían pozos, Van der Mark descubría vestigios de culturas precolombinas e incluso cementerios indígenas olvidados bajo la voracidad extractiva.

Sus hallazgos se recogieron con esmero y hoy reposan en el Museo de Ciencias Antonie van der Mark, justo al lado del emblemático pozo Zumaque I en Mene Grande. Pero ni en los libros oficialistas ni en discursos nacionales este patrimonio cultural se ha reconocido a plenitud, silenciado por una narrativa nacionalista que prefiere invisibilizar el rol extranjero en la construcción del legado petrolero venezolano.

Cuando la explotación petrolera ignoró su propia historia

Los ingenieros y compañías que llegaron a Mene Grande no tenían otro interés que explotar recursos. Fragmentos arqueológicos quedaron desperdigados por la avaricia de pozos que devoraban la tierra sin más. No se trataba de exploraciones científicas, sino de la caza implacable de energía sin considerar la riqueza cultural destruida.

Esta realidad cuestiona el relato oficial que idealiza la nacionalización petrolera y, al mismo tiempo, simplifica la compleja historia detrás de la explotación hidrocarburífera: conocimiento, cultura y recursos; todo mezclado en un cóctel poco reconocido.

Zumaque I: Símbolo incompleto de Venezuela y su petróleo

El 1 de enero de 1976, la nacionalización fue celebrada como una victoria. Un presidente rodeado de escoltas y funcionarios elevó los brazos en victoria ante el mundo en el Cerro de la Estrella, en Mene Grande. Sin embargo, el pozo Zumaque I, que hacía más de seis décadas bombeaba petróleo, permanecía envuelto en historias no contadas: de ingenieros que llevaron conocimientos técnicos y humanísticos, pero también se fueron ante la presión nacionalista; de legados arqueológicos olvidados bajo el brillo del oro negro.

Ahora, mientras el país enfrenta nuevas crisis en materia económica y energética, este pasado silenciado ofrece lecciones cruciales. Reconocer la complejidad detrás de la riqueza petrolera, más allá de discursos oficiales, puede abrir un camino para entender por qué Venezuela perdió su liderazgo. Y para preguntarnos: ¿será posible rescatar algo más que petróleo del pasado?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Desplazarse hacia arriba