Familiares de presos políticos en Zona 7 al límite de sus fuerzas
Ocho familiares de presos políticos han sufrido descompensaciones tras más de 96 horas en huelga de hambre afuera de la sede de la Policía Nacional Bolivariana en Boleíta, conocida como Zona 7.
Entre ellos, Evelin Quiaro, madre de Joel Bravo, tuvo que ser retirada de la protesta el pasado martes por un grave deterioro en su salud. La tensión acumulada y el ayuno prolongado han provocado fuertes dolores, náuseas, mareos y debilidad extrema en las manifestantes, cuyas cifras y síntomas van en aumento.
¿Por qué esto cambia el escenario?
Estas mujeres no sólo arriesgan su salud por promesas incumplidas. Llevan más de 40 días a la intemperie, desafiando condiciones extremas, mientras el Estado venezolano se mantiene indiferente. La falta de acción concreta alimenta una crisis humanitaria que el discurso oficial oculta.
Lo que viene
Esta situación pone en evidencia el desgaste del control institucional y la presión social sobre el régimen. Sin una respuesta inmediata, la crisis sanitaria entre los familiares puede escalar, generando un nuevo foco de descontento y deslegitimación del poder actual.
La pregunta clave es: ¿hasta dónde está dispuesto el Estado a llegar para mantener la narrativa oficial mientras se sacrifica la salud y la vida de quienes exigen justicia?